Un hombre bajo el agua es un viaje de ida y vuelta a la infancia a través de la memoria, una historia que nos habla de la excesiva complejidad con las que los adultos miran el mundo. A partir de un suceso inesperado se desencadena un magnífico ejercicio narrativo, en el que la historia va dejando paso a la presencia del autor y a la vida que lo rodea, hastra que ambos acaban siendo los auténticos protagonistas. Esta es una novela inclasificable, llena de ritmo, de giros inesperados, en la que Juan Manuel Gil demuestra una maestría literaria brutal.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, formó parte de la primera promoción de residentes de la Fundación Antonio Gala de Córdoba, en el curso 2002-2003.
Con su primer libro, Guía inútil de un naufragio (2004), obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía. Desde entonces se ha centrado en la novela: Inopia (2008), Las islas vertebradas (2017) y Un hombre bajo el agua (2019). Es autor, además, de dos volúmenes de difícil clasificación: Mi padre y yo. Un western (2012), que le valió el Premio Argaria, e Hipstamatic 100, una recopilación de textos en los que mezcló vida y actualidad.
En febrero de 2021 obtuvo el premio Biblioteca Breve de novela, galardón convocado por la editorial Seix Barral, por su novela Trigo limpio.
Este es el segundo libro que le leo a J.M. Gil y ya no tengo dudas, es un buen escritor, con bastante proyección.
Con su primera novela premiada seriamente (Trigo limpio) me quedó la incertidumbre, por aquello de como se dan los premios narrativos en España, pero me gustó, y antes de terminarlo, en un impulso, compré este "Un hombre bajo el agua" y lo tuve años en mi biblioteca, no sé realmente porque. Se ha reeditado hace poco en una editorial más fuerte, con otra portada más potente, marketing, etc y creo que se está vendiendo bien, lo veo por todos los puntos de venta. Me dije, ya que lo tengo en casa lo voy a leer.
Fuera de toda esta diatriba, es una buena novela, que se lee solita. En las dos obras que le conozco juega mucho con la autoficción, su Almería natal, su barrio, el oficio de escritor, los elementos que conoce (como debe hacerse) y le sale bien, por cierto. Diálogos ágiles, creíbles, innovación y buen ritmo narrativo; tiene oficio. Aquí, además de buscar distintas formas narrativas, juega con lo real y los recuerdos, o por mejor decir, lo que hay de real en los recuerdos, o el registro que nos queda en la memoria, las decenas de verdades o versiones que puede haber en función de los protagonistas participantes; buena propuesta.
En la busqueda de la autenticidad de un recuerdo entremezcla la realidad y la ficción. La necesidad del adulto de entender el trauma que vivio de niño es el eje de esta novela. Ambas, realidad y ficción, juegan en una narrativa suprema y un concepto de narración poco habitual. El autor parece probar una nueva forma de contar historias, un nuevo reto al arduo trabajo de escribir y lo logra. No solo el tema principal de esta novela se centra en su título ‘un hombre bajo el agua’ sino en la frustración que siente quien decide contar historias, en su caos mental a la hora de organizar el planograma de esta y en lo que afecta la implicación de este espinoso trabajo en la vida familiar y de pareja. Una obra a veces irónica, a veces sobrecogedora que no dejará a su lector indiferente.
Juan Manuel Gil lo tiene todo para ser uno de los mejores narradores en español. Estructura sus novelas con escuadra, cartabón y metrónomo. A sus páginas no les sobra ni una palabra: su texto siempre está limpio, siempre está medido y siempre cumple su objetivo. En todos sus libros acabo maravillado por cómo fluye el ritmo a pesar de las distintas capas de narración que pone en marcha de manera simultánea. Se ha convertido en un maestro en desplegar el relato en torno a la verdad -la supuesta verdad-, el recuerdo y, a veces, el sueño. Se puede medir con quien quiera en el panorama literario actual.
Para mí solo hay un pero: sigo sus publicaciones desde 'Trigo limpio' (libro del que llevo años enamorado) y empiezo a notar cierto agotamiento de la fórmula. Es el único motivo por el que no le doy 5 estrellas; si esta hubiese sido mi primera lectura del autor, las tendría sin duda.
Que ejercicio mas gratificante de literatura. No esperaba que esta novela fuese como es, y no puedo estar más satisfecho. Disertación sobre lo que supone la memoria propia y colectiva sobre un mismo suceso y como eso acarrea sopresas al descubrir que las cosas tal vez no son como las personas recordamos. Me ha parecido una lectura amena, sobretodo despues de salir de un libro denso. Desde luego te pones en la piel del protagonista, incluso cuando llega a caerte mal, y no por eso dejas de disfrutar de la lectura. Lo recomiendo como libro ligero que te hace replantearte tus propios recuerdos.
Raro. Muy raro. Estará en la lista de mis mejores lecturas del 2025, sin lugar a dudas. Me llevo el libro lleno de frases subrayadas y la sensación de que en el fondo no he entendido (guiño) nada.
Lo he terminado a duras penas. Lo siento, no me ha interesado lo más mínimo. la metáfora de la balsa y lo que esconde nuestra memoria puede estar bien, pero este ejercicio literario de autoficción con su frontera difusa entre ficción y realidad, de ejercicio de construccion de historia etc. no me ha llegado y el protagonista/autor me ha exasperado. Chau, una y no más.
Con ‘Un hombre bajo el agua’ nos encontramos ante un ejercicio narrativo de altos quilates. Esta es una historia de autoficción, en la que autor y personaje se fusionan en uno mismo para ofrecernos un relato donde los márgenes de lo real y lo ficticio se entremezclan y se confunden, haciendo que el lector dude sobre la veracidad de una historia en cualquier caso creíble. Todo arranca y gira en torno a cuando, en su infancia, el álter ego del autor, Juan Manuel Gil, halla el cadáver de Eduardo Huergo bajo el agua de una balsa. Pero tampoco nos confundamos pese a la importancia de ese hecho concreto, pues no deja de ser un pretexto. En realidad, hay mucho más: un brillante ejercicio de recuerdo y nostalgia, de reconstruir el pasado desde la visión del adulto. Una manera de poner en entredicho la memoria desde la distancia que otorga el tiempo.
“—Siempre podré decir que se trata de autoficción. —La autoficción es cosa de escritores acomplejados. Esto no lo he dicho yo. Es de tu cosecha. —Entonces, ¿dejo de escribirla? ¿Crees que ese argumento justifica que abandone aquí?”
El autor inicia una serie de encuentros y entrevistas con otros personajes que vivieron el mismo episodio, y a través de sus testimonios afloran otras realidades del mismo caso vividas por personas distintas. A priori, el escritor parece querer resolver algunas incógnitas sobre el hecho acaecido que en su día quedaron en el aire. Pero cuidado, es una falsa apariencia, pues en realidad lo que subyace es una búsqueda de inspiración para su obra, y de paso, una profunda reflexión acerca de la condición humana y de las relaciones tanto sentimentales como de amistad e incluso materno y paternofiliales.
Algunos pasajes del relato, pese al dolor, rebosan belleza y están contadas con una sublime delicadeza, además de poseer una fuerza brutal que te llega hasta lo más profundo. Salvando algunas diferencias, en algunos momentos me ha recordado bastante a ‘El dolor de los demás’ de Miguel Ángel Hernández, aunque el tratamiento de la historia y el relato sean diferentes. Una lectura con un punto interesante de riesgo y una estructura fuera de lo común, narrada de manera exquisita con extrema sutileza. Y digo desde ya, que por lo que a mí se refiere, como mínimo se ha convertido en la sorpresa del año. Si tienen ocasión, dense el placer de leerla, estoy seguro de que no se arrepentirán.
“Todo acaba pasando. La curiosidad, la pasión, el dolor, las certezas y, por supuesto, la misma vida. Tarde o temprano llega ese momento en el que nos desprendemos de buena parte de nuestro equipaje. Y el cansancio o la decepción suelen ser buenos aceleradores de ese proceso.”
Novela dramática de 290 páginas publicada en 2019 por Expediciones Polares. Bajo la premisa del encuentro de un cadáver en una balsa, Juanma intentará escribir un libro acerca de lo que ocurrió y en forma afectó este suceso a los habitantes de su pueblo. Lo más sobresaliente de su lectura ha sido la maravillosa pluma del autor, que he disfrutado enormemente, y me hace recordar que en cuanto a calidad de escritura, siempre será más enriquecedor el escrito del hispano hablante, que el de las traducciones de otros idiomas. Una novela de narrativa, en consecuencia, muy recomendada.
No cambiaría absolutamente nada de este libro. Me ha gustado todo: la historia, que mantiene la curiosidad de principio a fin; el ritmo, a veces rápido, otras más lento, pero nunca pesado; la narración, una escritura impecable; y la estructura, original, un poco extraña hasta que te haces con ella, pero indispensable para que el libro funcione. Fue empezarlo y zambullirme sin remedio, acabarlo y desear que hubiera más. Como digo, le doy un 10.
A Juan Manuel Gil lo descubrí con 'La flor del rayo', una novela que me encantó y me pareció de lo más original en su planteamiento y estructura. Sin embargo, o quizá por ello, 'Un hombre bajo el agua' me ha dejado un poco frío; me ha gustado pero me esperaba más. Como es habitual en este autor vuelve a tratarse de una historia de autoficción en la que el propio autor y Juanma, el protagonista de la novela y una especie de alter ego, se fusionan hasta hacerse difícilmente diferenciables. Además, la frontera entre lo real y lo ficticio, lo verdaderamente ocurrido y lo que se recuerda, vuelven a estar íntimamente ligados hasta formar una sola cosa. El problema que le veo es que esta nueva novela pierde esa frescura, esa novedad que hizo la anterior tan atractiva. La fórmula va dejando de ser tan efectiva y pierde fuerza. En esta ocasión la trama gira entorno al descubrimiento del cadáver de un vecino del pueblo bajo el agua de una balsa de riego cuando el protagonista era un niño. No obstante, este dramático suceso no es lo más importante de la novela; sino que sirve de "excusa" para poder plantear un tema mucho más amplio como es el del recuerdo, la memoria, la nostalgia y, sobre todo, la idea de reconstruir el pasado y la infancia desde la visión del adulto. Destacan las habladurías que se producen en el barrio, teorías malintencionadas sobre el ahogamiento y la implicación que Juanma pudo tener en esa muerte. Muy interesante cómo muchas de ellas ni siquiera parten de las personas a las que se le atribuyen; todo para hacer daño sin tener en cuenta el sufrimiento de las personas implicadas en los hechos. Me ha gustado cómo el autor enriquece la novela con una serie de entrevistas con otros personajes implicados en lo ocurrido, que vivieron los mismos hechos, para enseñar distintas realidades y formas de vivir el acontecimiento. Es decir, cómo no hay una única verdad.
Un hombre bajo el agua es un relato caleidoscópico de eso que está tan de moda que ha venido a denominarse autoficción. Me ha parecido muy acertada la forma de entretejer los textos, a modo de collage, que nos acerca a un supuesto episodio de infancia que vertebra la narración y a través del cual nos toparemos con temas tan dispares como el amor, la fidelidad, las decisiones que no tienen vuelta atrás, la valentía, el miedo, la memoria, la verdad, lo que queda cuando ya no estamos, cuando ya no somos, la monotonía, el hacer, el esperar… Me ha sido imposible sustraerme a las semejanzas con el libo de Miguel Ángel Hernández, El dolor de los demás, si bien la forma de abordar la historia es completamente diferente. Ninguno de los dos parte de la premisa de encontrar la verdad detrás del suceso que marca el inicio del libro, sino que tratan de dar voz a las diferentes miradas que hay sobre el hecho, sobre la época en la que se produjo. Es más, Juan Manuel Gil nos deja intuir que la verdad no existe. O al menos no de forma tajante.
«Lo importante siempre se olvida. Porque la importancia también es translúcida».
Existen tantas verdades —o tantas mentiras— como actores y espectadores haya de un suceso, de cualquier acontecimiento, por trivial que sea. Juan Manuel Gil juega de forma magistral con esos recuerdos, propios y ajenos, de forma que nunca llegamos a saber qué sucedió en realidad. Porque la única verdad es que eso, en el fondo, no importa. Cada uno conservamos un recuerdo de lo que fuimos, de lo que vivimos, que es muy personal y que al ponerlo en común con los recuerdos de los demás, no siempre encaja como pieza de un puzle.
Me encantó el estilo, ágil, ingenioso, rápido, sólidamente literario. No le pongo las 5 estrellas porque el argumento, aunque atrapa durante todo el relato, flaquea al final. Después de que durante toda la investigación que da origen a la búsqueda del autor para explicar ese episodio confuso de su adolescencia, nos presenta una explicación rápida de lo ocurrido que viene a decir que el difunto se había suicidado porque tenía problemas mentales, al parecer atravesaba una depresión, originados en la incomprensión que encontraba a su alrededor. Aunque resulte desolador la novela acaba con la palabra que rotula el protagonista en la fachada del cementerio: nada.
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Resumen: La mejor demostración de que un recuerdo puede ser usado para una búsqueda infinita de la personalidad.
La magia de este libro es que consigue que vayas leyendo y no entiendas nada en el momento. Necesita de la reflexión y de la calma, porque son tantas las cosas que Juan Manuel Gil nos quiere decir que las acota entre risas, lágrimas y palabras entrelazadas.
🌟 Una muerte en el recuerdo es una excusa para viajar al pasado y cerrar las heridas. Los recuerdos parecen confundirse o fundirse con el presente para poder explicar cómo se ha llegado hasta él. El protagonista decide escribir para poder responder a las incógnitas que le persiguen y que marcan su existencia: la búsqueda del origen de nuestras conversaciones más íntimas.
🌟 Difícil, muy difícil resistirse a la bofetada que provocan los diálogos entre T. y el protagonista. La ironía es tan brutal y tan ácida que te arranca una profunda sonrisa, porque mientras hablan de cosas tan importantes, las respuestas te descolocan de tal forma que vuelves atrás a leer si lo has comprendido bien. Y entre líneas, los silencios y las respuestas que se adivinan con los textos siguientes. Todos los diálogos de este libro me han encantado.
🌟 Narrativa de autoficción o caleidoscópica, no podría etiquetarla, solo sé que te sacude fuerte. Es inteligente, atrevida y de un valor literario indiscutible. Usa todos los recursos literarios que tiene a su alcance para viajar en el tiempo, recordar y plantearse si los recuerdos son lo que vivimos y si lo que estamos viviendo es suficientemente verdadero. Marqué muchas páginas a las que he vuelto porque, una vez avanzas, su dimensión cambia, y esa es la magia.
Una tragedia y problemas muy reales detrás de esta historia: la crueldad de la gente al juzgar, la soledad, la impotencia ante la muerte, la psicología del dolor y el duelo. Pero también el amor, la amistad, la ilusión, el homenaje y los sueños.
Un relato que te atrapa. “El pasado es porvenir “ A través de los recuerdos de una historia de juventud el autor nos hace darnos cuenta de la delgada línea que existe entre lo real y lo la memoria y la ficción. ( Historia de un “suicidio” en una balsa). Un libro que si en un principio te cuesta “entender”, te atrapa hasta llegar a su final. Me ha encantado( de los de mi parar de leer, ha sido de los de 24 horas). Muy bueno
“El arte interpela al futuro a través del recuerdo, de la memoria. Es dejar escrito: de esto se hablará o esto acabará sucediendo. En definitiva, ir al futuro para llevar y traer algo entre las manos, tal y como él decía, no?…Ya no moriré, soy porvenir”
“-Sí, era una buena persona. Aunque estaba mal de la cabeza. Y tenía estudios, ya sabes. -¿Qué? -Que era maricón, cojones.”
Seguro que es culpa mía por ser mujer y quedarme en la superficie, pero no me pareció nada inmersiva esta lectura, no... Quizá era para leer con escafandra.
Un sólido 3 y medio. Una lectura un poco caótica que puede evocar muchas familiaridades y recuerdos a cualquier almeriense. Chulo, aunque un poco demasiado directo, meta lingüístico o lo que sea.
Juan Manuel Gil huye de la consideración de la infancia como una época feliz, y no idealiza ni el pueblo ni a las personas que lo ayudaron a forjar su identidad en mayor o menor medida. Eso sí, como aquí el pueblo adquiere una importancia casi protagónica, resulta destacable las contradicciones que a través de él expresa el autor almeriense: los pueblos como esos lugares protegidos del peligro, pero al mismo tiempo plagados de rumores y de comentarios dañinos, contradicción que se expresa en la muerte de Eduardo Huergo, que crea fascinación y miedo a partes iguales.