Creo que no soy el único aquí que tiene sentimientos encontrados con este libro, que se puede leer de muchas maneras. Hay varias cosas que me han parecido casi magistrales, pero también hay bastantes que no me han gustado.
Lo primero, me parece una historia potentísima y que le sirve de fábula al autor para hablar de la llamada "cultura de la cancelación" (que a mí, la verdad, no es un tema que me interese mucho y que creo que se aborda de una manera generalmente maniquea, pero ese es otro asunto). Los personajes son perfectos, están muy bien construidos. Emilia, en su excentricidad, es una villana perfecta. Pan, es lo más insulso e insustancial que te pueden echar a la cara, pero es que no puede ser de otra forma alguien que ha sido anulado toda su vida. Alfonso es maravilloso. Quizás Carolina es la que me tiene un poco más perdido.
La novela avanza en capítulos contados desde el punto de vista de los diferentes protagonistas, que a mí personalmente es una técnica que me encanta porque es la mejor manera de conocer la historia completa. Me encantaron también todas las ironías y críticas que hay a lo largo de la obra al mundo literario y editorial.
En el lado negativo, precisamente el hecho de tener unos personajes tan potentes es que se hacen sombra, que se estorban unos a otros y no llegan a evolucionar del todo. Creo que habría sido más acertado centrarse en la historia de la escritora abusadora cancelada y su víctima-verdugo (y así los otros le servían para otra novela 😂).
Tampoco me convence el lenguaje. Todo demasiado cinematográfico, jerga de thriller a tope de principio a fin, frase corta tras frase corta para dar ritmo sin importar si estamos en una escena clave o se están tomando un café. Faltan matices, se te acaba la tensión en la página 10. Por último, lo del "menos es más" a Giacobone como que no. Todo lo que puede meter, por rocambolesco que sea, lo mete. Que vale que es ficción, pero a ratos es un poco rizar el rizo... excepto el final, que por lógica lo esperas con todo tipo de fuegos de artificio y simplemente llega, sin más...
En resumen, hay cosas magníficas, cosas que no tanto, pero al final lo he observado, lo he admirado como quien mira una obra de ingeniería o una máquina, reconociéndole el valor, pero sin que me haya generado ni el más mínimo sentimiento: ni me ha conmocionado, ni me ha emocionado, ni me ha divertido, ni me ha entristecido, ni me ha enfadado, ni me ha inquietado... Me ha dejado frío.
2 de diciembre de 2024