Después de una serie de aventuras, encuentros y descubrimientos como buscadora de nazis escondidos, Dora Bardavid detiene por un momento sus pesquisas. Su pareja, Geneviève, consigue trabajo en un rodaje en Italia, y hacia allí van.
Este episodio de la serie Dora es introspectivo y minimalista. Es a la vez un retrato de la Italia de los años sesenta y la historia de una pareja.
Ignacio Minaverry nos vuelve a sorprender y conmover con su despliegue narrativo visual, profusamente documentado, y siempre apoyado en las contradicciones y paradojas que destilan sus personajes.
Leer una nueva edición de Dora es como encontrarme con una amiga que vive lejos y no veo hace mucho tiempo ❤️ Las ilustraciones de Minaverry, como siempre, son espectaculares.
Minaverry tiene una forma particular de contar historias. Su fusión de lo que quiere decir entre la palabra y la imagen es ideal. En la serie Dora logra reproducir el mundo tal cual podemos imaginar que fue. Este último volumen de las aventuras de Dora nos lleva a explorar qué pasa cuando no hay más nazis que cazar y lo que quedan son las historias de la gente por la cual se pelearon las batallas de su vida. Un recorrido un poco más intimista que los volúmenes anteriores en el cual los personajes de estas novelas gráficas deberán comenzar a andar el mundo sin el peligro acechando a cada vuelta de la página. Si han estado leyendo las entregas anteriores, no se pierdan este volumen. En lo particular, además, estoy muy contento que el propio Minaverry firmó e hizo una pequeña Dora en mi volumen adquirido en la Feria Internacional del Libro 2024.
me encanto, a pesar de que el final me dejo re triste... siempre dora es sublime, es mi historieta favorita y la verdad me encanta tener un capitulo mas de ella para leer... pero no me esperaba en absoluto tener que convivir ahora con ese final :(( vale la pena igualmente al 100%
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I really enjoyed this story and was honestly very impressed with myself for understanding all of it without help (I mean. The pictures helped). First book I’ve ever read in Spanish :)
Es difícil hablar de Dora, porque soy muy fan de su historia y del universo que construyó Minaverry a lo largo de los años. Como es habitual, hay un inmenso cuidado del detalle en torno al contexto socio político y geográfico, para no romper el verosímil. Ignacio siempre hace hablar a la imagen. En las primeras entregas de Dora, muchas viñetas están llena de textos con fechas, lugares, nombres, recovecos en los que buscar. Datos, datos, datos. El hambre es voraz y es en esa invasión de letras en la viñeta pareciera emularse la experiencia de la protagonista de la historia: de abrumarse a la obsesión, sin escalas. Sin embargo, ahora, en esta última entrega, las viñetas hablan de otra forma. Algunas me recuerdan un poco el juego de Pedro Mancini con las texturas blanco y negro, ese minimalismo que lejos de enmudecer hace gritar a los contrastes y nos cuenta cómo es esa Italia en la que viven, pero también cómo es el vínculo que están construyendo con Geneviève y cómo confluyen ahí el afecto, la sexualidad, la memoria y las obsesiones.
Lo más importante: me quedé manija, necesito más, más, más. Estoy, como Dora, obsesionada con este trabajo.