Como ya predice el título de la novela, se trata de una historia dura y violenta.
El punto de vista desde el que está narrado me recuerda en cierta forma, porque la tengo muy fresca, a "La conjura contra América” de Roth. Se trata de los recuerdos de un niño contados desde la edad adulta pero conservando la mirada infantil. Es también, como la de Roth, una novela de iniciación. El niño de la historia irá descubriendo y comprendiendo el mundo mientras observa, “espía” como él mismo dice, a cuantos le rodean.
Creo que el tema principal es la envidia y el descubrimiento de las diferencias sociales. La acción se sitúa en una calle y se narran las relaciones de tres niños y de sus padres, cómo interactúan entre ellos y con otras personas de la calle y qué piensan los unos de los otros.
El libro se lee con inquietud porque el autor nos va adelantando lo suficiente para crear tensión y expectación ante lo que se avecina, también contribuye a crear esa sensación el uso de la reiteración. Esas repeticiones son a su vez una peculiar forma de “hablar” y de contar los sucesos que compartían las personas que vivían en la calle del narrador. Otro aspecto destacable en el estilo de la novela son las descripciones, en especial las que se refieren a los personajes.
Para terminar comentaré que la lectura ha supuesto un ejercicio de memoria y un viaje sensorial a los años 70. La calle que se describe podría haber sido la mía y la de muchos niños que vivíamos en barrios obreros en aquella época. Un viaje a la infancia que no ha tenido nada de idílico.
Muy recomendable. Autor a tener muy en cuenta.