El maestro Bañuelos me dio este libro como despedida del último curso de poesía y ciudad que dio en la UdeG antes de jubilarse. Es uno de los poemarios más bellos que he leído, y lo guardo con mucho cariño y respeto desde hace diez años. Volví a leerlo este mes, al enterarme de la publicación de su nuevo poemario, y sigo maravillado con el modesto, pero a la vez soberbio, febril y sereno ejercicio de darle forma de lluvia a las palabras que hace el profesor Bañuelos en este sencillo y profundamente complejo poemario.
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