En El árbol de guayacán Dany Alejandro Hoyos nos narra con elocuencia cómo perdió a su abuelo por el covid-19, mientras nos va revelando anécdotas de su infancia en Ituango y episodios del pasado reciente de Colombia. Es un testimonio conmovedor y desgarrador en el que el autor expone diferentes etapas del duelo, y con gracia y humor nos deja ver una vulnerabilidad con la que más de uno se sentirá identificado.
Este libro no es solo del duelo de Dany y su familia, es el duelo de miles de colombianos desplazados por la violencia, el duelo de millones de familias afectadas por el COVID, es el duelo de ese pasado que siempre fue mejor, en el que “la vida era más sencilla”, una vida en la que los recuerdos son más felices, la vida más simple y en la que la aguapanela nos hacía fuertes y nos daba energía.
Este libro es un regalo y leerlo en diciembre más, un mes en el que se siente esa añoranza de las fiestas vividas en familia al lado de todas las personas importantes, cuando estábamos completos y otra vez “cuando la vida era más fácil”, pero creo que siempre ha tenido sus enredos solo que la memoria nos guarda lo lindo de esos momentos.
Cada página te va a remover miles de emociones, te vas a reír, vas a llorar y estoy seguro que cualquiera se puede identificar con alguna parte de esta historia.
Debo confesar que al principio me costó un poco leerlo, no me sentía muy cómoda con el estilo tan paisa y las palabras vulgares (aunque yo las digo todassssss) sin embargo, continué, y definitivamente es un libro muy lindo, un duelo, una pandemia y una guerra colombiana olvidada ✨🌼
Para aquellos que hemos tenido que pasar por un duelo, este libro será perfecto para pensarnos y desahogarnos leyendo cada una de sus páginas, pues las palabras de Alejandro son tan reales que te sientes viviendo tu propio duelo y enfrentando cada segundo como si estuvieras ahí... súper recomendado
Dany Hoyos debuta en el mundo literario con un libro desenfadado, divertido, doloroso y muy auténtico; una extensa carta de amor a su abuelo campesino que fallece de covid durante la pandemia y cómo esa muerte atraviesa por completo a su familia. Me fascinó sobre todo el tono del relato. Y el capítulo donde recuerda la masacre del Aro, en Ituango. Vale toda la pena su lectura.
Un libro escrito desde el corazón; un desahogo profundo, un grito del amor, una terapia para el alma. Una exaltación a lo que si importa; a la vida, a sus seres queridos, a la familia. Un libro simple, sin ser pretencioso, escrito de una manera sencilla, auténtica, el relato de lo cotidiano y su riqueza inconmensurable.
Para alguien para el cual es olvido que seremos de Héctor Abad entra en su top 10 de libros y hace parte de sus favoritos por la forma en la que la historia la hizo sentir absolutamente identificada frente al sentir de la relación padre e hijo, este libro es la versión del amor abuelo nieto que logró el mismo sentimiento de identificarse.
Para alguien que recientemente perdió a su persona favorita en el mundo, su abuela, este libro fue una herramienta más para sanar la herida y aprender a vivir con el dolor que esa pérdida deja.
Para alguien que asociaba ese nombre con un comediante, hoy le digo a ese personaje, gracias por poner sus sentires a través del papel y darnos el regalo de sanar un poco a través de su propia sanción.
Este libro me me dolió y me reconfortó al mismo tiempo. Lo sentí mío.
Todo porque yo estuve ahí, en el mismo lugar de Dany y "a nadie le han enseñado cómo se le debe decir a la mamá que perdió a su padre".
Y porque también siento que "mis dioses son mis muertos. Los que olí, abracé,y sentí a mi lado".
Y porque "No es justo amar a alguien y que se vaya solo porque el ciclo de la vida es ese. En ese caso sería mejor vivir como las plantas: florecen, se marchitan y mueren, y no dejan a otras plantas solas y taciturnas. En cambio, nosotros somos plantas que, tras la muerte de quienes amamos, florecemos marchitos por dentro, porque no hay forma de seguir igual."
Un relato conmovedor, profundamente cercano, sobre el duelo, la pérdida y el amor por un ser querido. Me llevó a la niñez, los juegos, el campo, los animales, los abuelos, también al duelo y la nostalgia de los seres que se fueron; pero también fue alegría, risa, indignación, impotencia y angustia. Un libro duro y hermoso, para sentirlo.
En El árbol de Guayacán, Dany Hoyos comparte un relato profundamente íntimo sobre el duelo por la muerte de su abuelo a causa del COVID-19
A lo largo del libro viaja al pasado para hablar de su infancia en la finca de sus abuelos. Todos los recuerdos que tiene de ellos y lo que descubría sobre la vida.
Cuenta con mucho dolor, rabia, pena y otro sinfín de emociones, la historia desde que su abuelo fue internado en UCI hasta la despedida final.
Repleto de oralismos y expresiones criollas propias del habla colombiana, El árbol de Guayacán es un libro breve pero poderoso, capaz de conmover por su autenticidad y cercanía.
Un libro para viajar hacia nuestros propios recuerdos acompañados de las risas, el llanto, la nostalgia, el amor… Una historia contada con la idiosincrasia propia de un país que converge en el dolor y la esperanza.
Desde las entrañas, sin filtros ni apariencias. Dulce olor a campo y boñiga, desgarrador relato de muerte, machete y bala en el filo. Materialización de las palabras que no fluyen cuando se pierde un ser amado, cuando se lee mientras se pierde una abuela.
“Una de esas noches se sintió solo. El amor implícito de la abuela y el abuelo esa noche no era suficiente, extrañaba a sus padres. No entendía muy bien por qué lo habían enviado a estudiar tan lejos de ellos. ¿Se querían deshacer de él?. Fue la primera noche en su vida en la que tuvo sensaciones que no entendía. Sentimientos contradictorios para los que no estaba preparado. Se dejó sentir en medio de su confusión y soledad. Lloró suavecito, ahogando el sonido en la almohada. Si le hubieran preguntado por qué lloraba, no hubiera sabido qué responder. No tenía edad para eso. Tal vez hubiera dicho, Por nada.”
La mejor descripción del libro que puedo expresar es diciendo: “lloré”… es un relato que me llegó al alma, me identifico con cada palabra, con cada relato y con cada emoción que transmite Danny. Siendo objetivo y no emotivo, debo decir que es un libro fácil, divertido y emotivo para las personas nacidas en Antioquia porque pueden entender a la perfección la jerga utilizada, pero para las personas que no han tenido la oportunidad de crecer entre pueblos, montañas o con historias épicas con sus abuelos, no deben identificarse con los sentimientos completamente y entender el significado de las costumbres Antioqueñas que el libro cuenta y transmite… Gran libro que me hizo reír y llorar.
"El Árbol de Guayacán" de Dany Alejandro Hoyos fue el libro que me acompañó durante una semana...un tiempo muy corto ya que realmente no quería parar de leer pero tampoco quería que se acabará tan rápido.
En éste libro se habla de la muerte y el dolor que ésta genera, pero también se habla de amor eterno, de infancia feliz, de familia, de costumbres...Un libro que en un idioma cotidiano y muy cercano habla de la pandemia que todos vivimos y que a la vez trajo tantos muertos...entre ellos, el abuelo de Alejandro, quien a través de este libro le hace un homenaje a su vida, a sus recuerdos, a su amor.
Uno de mis favoritos de este año, es una historia conmovedora con la que es difícil no empatizar, sobre todo para quienes perdimos seres queridos en época de pandemia.
"El árbol de Guayacán" es una obra que me provocó un intenso conflicto interno. La narrativa logra momentos de profunda conexión emocional, donde el llanto se convierte en respuesta natural a la intensidad de los recuerdos. Sin embargo, esta conexión se ve interrumpida en ocasiones por el uso excesivo de palabrotas y una estructura narrativa que carece de un hilo conductor claro.
Los saltos temporales, aunque son parte del estilo del autor, pueden parecer caprichosos y desorientadores. La transición entre momentos familiares y la dura realidad colombiana es significativa, pero no siempre se siente pertinente para construir la relación íntima entre el abuelo y el nieto. El libro, en su esencia, se asemeja a un diario de recuerdos, donde el dolor y la nostalgia fluyen de manera desorganizada. A pesar de sus altibajos, "El árbol de Guayacán" sigue siendo una reflexión poderosa sobre la memoria y la conexión familiar, aunque a veces se pierda en su propia complejidad.
Me recordó mi infancia, en El Santuario y en Marinilla. La casa de papito y mamita (yo también les decía así) cada esquina de sus casas, las reuniones con la familia, los primos... todo. La rabia, la desesperación, la angustia. El libro para nunca olvidar lo que vivimos en pandemia y esas historias que en su momento no se resaltaron pero que vivieron un duelo crudo, diferente. Los que crecimos en pueblo realmente nos podemos sentir altamente conmovidos con este libro. Uf y papito Juan si que te recordé con este libro hermoso.
No puedo empezar esto de otra forma, gracias Dany por compartir esto tan hermoso, gracias por hacerme recordar los momentos difíciles vividos con seres que hoy no están presentes conmigo, gracias por recordarme historias del campo donde sin saberlo en nuestra niñez éramos felices, gracias por no dejar olvidar los más grandes afectados por la guerra de este país , gracias por hacerme derramar lágrimas de tristeza , alegría y de cierta forma por ser parte de mi proceso de pérdida y sanación. Gracias ...y a mí también me hace MPF mi padre y mis abuelos
"La felicidad se aloja en un pequeño espacio del corazón y dura poco. En el momento en que ese sentimiento te llega como un rayo, una corriente te traspasa y te das cuenta de que está ahí, no hay reflexión porque la aniquilarías; la debes dejar vivir, dejarla ser. La reflexión hace parte de la tristeza y la nostalgia, no de la felicidad."
Un libro escrito empujado por el dolor de la pérdida que se equilibra con la alegría del recuerdo. Un homenaje a un abuelo que llenó con tantos recuerdos a su nieto que dio para un libro entero.
Empecé a leer este libro en un vuelo. Le había escuchado a alguien esta recomendación y estaba entre los comprados de mi Kindle, así que empecé a leer en el vuelo sin mayor idea de quién era el autor. Inicialmente sentí un shock, no me pareció un libro serio. Pero luego empecé a vibrar con el libro y pensé, qué es un libro y por qué le pido seriedad. Fue puro sentimiento, fue duelo y dolor, fue una intensidad casi teatral y real y cruda y honesta… Mi familia, mi historia, mi papá que fue campesino y no tuvo zapatos sino hasta los 12 años. La realidad de las montañas antioqueñas. La guerra, la maldita guerra. La tristeza y el duelo. Aterricé y busqué al man del libro, el comediante, y quedé helada. Suso, cómo así. Me quedaban unas pocas páginas y al seguir leyendo le puse una voz al relato. Suso, perdón, no soy tu fan. Pero Dany, te admiro. Carajo, como comparto tu dolor. Como empatizo con tu capacidad de hacer reír a otros o inspirar tranquilidad cuando por dentro te podes estar muriendo. Hasta me imagine el olor a arepa quemada cuando la mamita los alistaba… Gracias por compartir este homenaje.
Es una hermosa carta cargada de amor, gratitud y nostalgia hacia ese ser que se amará por siempre y sin importar si no se puede ver u oír .
Es verdad que tiene muchos fragmentos costumbrista de una región especifica de Colombia, pero ¿como no traerlos, si hacían parte del gran baúl de recuerdos con este ser amado?
A traves de estos recuerdos no solo conocemos al "abuelo" y la familia; también conocemos a los campesinos y sus luchas, a Colombia con sus dolores y a un virus que durante un tiempo nos cambió la.forma de relacionarnos. Aunque ahora parezca mitología .
Reí mucho (puede ser porque mi región tenga cosas similares a las antioqueñas), lloré, me pesó el corazón por los familiares que se quedan, pero sobre todo amé creer en la humanidad, en la familia y en el amor de haber tenido la fortuna de disfrutar la presencia de un ser humano tan bello.
Sé que ese abuelo donde este, está orgulloso de esa familia que conformó.
Es una historia en la que se narra el dolor por perder al abuelo, pilar de la familia y principal ejemplo para el narrador. Es también un relato sobre la muerte y cómo esta llega sin respeto alguno y se lleva a los seres que amamos. En esta novela se reflejan las afugias y vicisitudes de los campesinos y cómo ellos cargan sus espaldas, no solo el abandono del Estado sino la barabarie de los grupos al margen de la ley. Tiene apartados muy sinceros y sensibles, en las que se comprende el inmenso dolor por perder a aquellos que tan solo en sueños podemos volver a ver.
Si bien, es una novela que se lee muy fácil y que toca un tema que despierta mucha emoción y empatia, debo confesar que me incomodó mucho esa renegadera constante ante el sistema de salud, ante la vida y ante la indiferencia de algunos frente a su dolor.
Al principio me conmovió tanto que pensé que no podría leerlo, la pérdida se me volvió a asomar entre los párpados. Luego encontré algo de mi infancia, de las casas, de la finca, de la montaña y me hizo seguir.
Encontré en las páginas del libro a mi padre, aquel que también “se nos fue” en el año de la pandemia, las visitas al hospital, la eterna pregunta ¿se va a recuperar? El respirador, la entrada a al UCI, el no alcanzar a verlo vivo y el enojo con el portero de la clínica que no dejaba entrar a mi mamá, cuando la “pelona” se lo llevaba ya… “corra” decía doña Susana que se nos va…
Hermosa historia no solo de Dany Alejandro, sino la de muchas personas como yo que perdimos a nuestros viejos en un fatídico 2020.
Muy buena forma la de Hoyos para hacer catarsis y rendir memoria a su abuelo, que fue como su padre. Hoyos recuerda su infancia en el campo con sus abuelos, todo lo que vivió y aprendió del campo y su gente y todo el dolor de perder a su abuelo por COVID. Muy íntimo, muy real, muy impactante, muy sentimental. Lo único malo es esta perpetuación de la poca comprensión de la muerte. Por lo que deja ver, la tragedia hubiese sido la misma cualquiera fuese la causa de la muerte. La muerte, algo natural que a todos nos espera y que nos empeñamos en no comprender, en no aceptar y terminar en unos melodramas del todo pueriles.