A fascinating story of the events that lead to the birth of the State of Israel in 1947-48. Jorge Garcia-Granados was member of UNSCOP, the body created by the UN to investigate and recommend a solution for the issue of Palestine. The British mandate, initiated at the end of WWI, were to finish in 1948.
In his own words Ambassador Garcia-Granados reveals the insides of the pressures and international intrigues that took place during the labors of the UNSCOP.
The ambassador describes how, during an exploratory trip to Palestine, learns of the bloody repression of the English authorities against the local Jewish population. A highlight of this journey is his meeting with Prime Minister Menachem Begin. Begin at that moment was a leader of a terrorist clandestine group fighting against the British who had a price on his head.
He also witnessed the misery and hope of the thousands of European Jews living in post WWII refugee camps trying to reach Israel and repressed at sea by the British Navy. He writes the sad story of the hunt of the wooden ship Exodus told by an eyewitness of the tragedy.
The book is still actual, written seventy-five years ago by Ambassador Garcia-Granados. The facts were updated and revised by his grandson Historian Sergio Garcia-Granados.
Llegué a estas memorias un sábado por la mañana, con el cuerpo todavía encendido tras correr unos doce kilómetros y el alma serena luego de compartir un desayuno con amigos. Fue ahí, entre el aroma del quesillo y las risas aún tibias, que Carlos Nárvaez Godoy —conociendo mi cercanía entrañable con Israel— me reveló una historia que al principio me pareció leyenda: un pariente suyo, dijo, había sido pieza clave en la creación del Estado de Israel en 1948.
Escéptico, le pedí más. Entonces Carlos, con la certeza del que guarda un secreto luminoso, mencionó calles que llevan su nombre, misiones de rescate ejecutadas por la Mossad, y así, entre sorbo y asombro, conocí el nombre de don Jorge García-Granados.
Embajador de Guatemala ante la recién nacida ONU, luego elegido miembro del comité especial de la UNSCOP encargado de abordar el destino de Palestina, García-Granados fue arrojado, sin mayor vínculo previo con el Medio Oriente, a las entrañas del conflicto que definiría una era. Y sin embargo, al sumergirse en aquella tarea titánica, no tardó en ver en la causa judía reflejos nítidos de su propia lucha en Guatemala —esa que lo llevó a conocer las cárceles por soñar un país distinto.
Estas memorias son el eco de aquella travesía. Relatan las visitas del Comité, los esfuerzos sinceros por escuchar a todas las voces —incluso cuando una de ellas se negó a hablar—, las maniobras diplomáticas entre potencias que tejían su influencia, y la decisión inevitable: partir un territorio sin Estado en dos, como un mal menor que al menos ofreciera esperanza.
Porque, tras la caída del Imperio Otomano y bajo el mandato del Reino Unido, Palestina era tierra suspendida, promesa quebrada. Y en ese vacío, el doctor García-Granados supo ver futuro. No en vano proféticamente el doctor vislumbraba como Israel podría exportar al mundo su forma de trabajar la tierra y de cuidar el agua, siendo hoy potencia en la materia.
Hoy, Guatemala puede enorgullecerse de haber tenido en él a un diplomático de altura, e Israel, de haber recibido, desde tan lejos, una amistad sincera y valerosa. Una amistad que cruzó océanos y tiempos, y que aún resplandece entre las páginas de esta historia compartida.