A bordo de un lujoso yate, Sergei Eisenstein y Charles Chaplin conversan, mientras las olas golpean la proa y los tiburones pasan veloces por los cristales del piso: “Recuerda usted la escena en El chico en la que echo comida a unos niños pobres, como si fueran pollitos?”, pregunta Chaplin. Por supuesto que Eisenstein asiente, se trata de una de las obras fundamentales del cómico. “Pues bien; lo hice así por desprecio. No me gustan los niños.” Existen libros que sin importar su brevedad, trastocan emociones y permiten acercarse a personajes por medio de líneas concisas y anécdotas imborrables. Charlie Chaplin (2016) de Sergei Eisenstein es un ensayo crítico y teórico donde el mítico cineasta ruso disecciona El chico (1921) y El gran dictador (1940) en menos de 70 páginas, resaltando la crítica al sistema capitalista, el excelso manejo narrativo y la puntería de la comedia como turbina de la risa, la emoción más internacional y más revolucionaria de las masas, según Walter Benjamin. Cuenta Eisenstein que comenzó a escribir estas notas sobre Chaplin en 1937, sin embargo, suspendió el texto considerando que “algo” le faltaba. Unos años más tarde, llegó El gran dictador y el cuadro quedaba completo con “una esplendida sátira, una letal filípica en defensa del espíritu humano y de la victoria de lo humano sobre lo inhumano”. Fechados en 1941 y 1946, los textos que componen el volumen hilvanan ideas y recuerdos de la colisión increíble de dos genios de la cinematografía mundial, donde le toca a Eisenstein analizar la obra del inglés, luego de los estragos de la Segunda Guerra Mundial: “Hoy, estamos hombro con hombro, no solo como amigos, sino como compañeros de lucha, y combatimos juntos contra el enemigo común de la humanidad”. Por aquellos días turbulentos, el periódico Fryday publicaba: “Hitler tienen millones de enemigos, pero uno de los adversarios más extraños del führer es un pequeño hombre, nacido el mismo año que el jefe de los nazis, ese hombre es Charlie Chaplin.” Publicado por la editorial Casimiro libros, este pequeño pero poderoso ejemplar se acompaña de dos ensayos más sobre Chaplin de la filósofa e historiadora Hannah Arendt y del crítico literario Walter Benjamin, donde se aborda la obra del cineasta desde otra óptica no menos interesante. Chaplin, como observador riguroso de la condición humana, utiliza el absurdo para provocar reflexión sobre el caos de la guerra, de la injusticia, teniendo como misión paralela el difícil arte de hacer reír. Habla el poeta francés Philippe Soupault: “Es cierto, Chaplin tan sólo hace reír a la gente. Pero hacer reír no es solo una de las cosas más difíciles de lograr, es también quizá la más importante socialmente.”