Darío sigue a Amalia y sus amigos de bar en bar. Son un grupo de jóvenes hastiados en una huida hacia delante, en una noche sin fin. Una generación sin futuro con miedo a crecer. Quieren arder y quemar la ciudad. Escapar de una realidad cada vez más precaria y hostil. Vivir a contracorriente. No dejarse atrapar.
Falta uno de ellos: Juan. El Cuervo. Ahora vuela solo. Se oculta. Todos ocultan algo, mienten o se mienten, porque les cuesta asumir que se hacen mayores y no son quienes soñaban ser. Durante 72 horas vertiginosas, mientras el mundo se desmorona a su alrededor, tratarán de encontrar una respuesta a su desencanto en la evasión y la rebeldía, la amistad y el amor.
Con una escritura polifónica que experimenta con el lenguaje como los personajes con la vida, La caídadel imperio es una fiesta de la palabra que te sumerge en la vorágine de sus páginas y deja una profunda resaca emocional.
Me ha parecido excesiva. Tiene muchas partes muy buenas, pero esa escritura seguida desordenada y loca a mí me ha agotado y me ha hecho perder a ratos el interés. Es el relato del fin de fiesta y de juventud de unos treintañeros en Madrid en los tres días previos al 15 m. Por algún motivo q no entiendo es el tercer libro casi seguido q leo de noche drogas seco y excesos, y eso no ha ayudado. Creo q la elección formal que hace, sin capítulos, sin puntos ni comas en muchas ocasiones, con cambios de letras, sin avisar de cuando se cambia de personaje requiere mucho esfuerzo por parte de la persona que lee, y que la novela es excesivamente larga para esa elección. Eso mismo en algo más corto sería más llevadero. Aparecen garitos míticos de Malasaña, muchas referencias musicales y muy buenas reflexiones y frases, pero eso… me ha parecido desmedido, supongo q es una elección consciente del autor con la q yo no he conectado del todo. Me da rabia porque me gusta Javier Gallego, pero no sé, esto me ha costado.
Digamos que no me lo he leído, me lo he bebido de dos tragos. Digamos que, por lo general, me pone nerviosa que falten signos de puntuación, pero que por una vez se lo perdonamos al ritmo impuesto del desenfreno. Digamos que hacía mucho que no me corría semejante juerga, las resacas ya no son un juego. Digamos que me han dado un Trainspotting a la madrileña, pero que nunca he vivido en Glasgow, y sí en Madrid, y que el 15M me ha pillado en la época de buscarme un curro Digamos que me he chuzado de lo lindo en el Nueva Visión y que he ido a algún concierto en la sala Sol y que he bailado pogos en Tabacalera, que me he calentado el cuerpo con un rayo de sol en Lavapiés y que viví en Guindalera donde las reconciliaciones con cualquier Caín deben de ser épicas, visto lo visto. El relato te atraviesa y te interpela, porque es imposible, a mi edad, con esta vida, no reconocerme en varios de los personajes. Es un viaje a la nostalgia sabiendo que, después de subir, todo baja, pero no perdemos la esperanza en volver a escalar nuevas cimas.
Es una narración excepcional, y hay partes maravillosas, emocionantes. Es un relato de toda una generación a la que pertenecemos que empieza mucho antes y sigue hasta ahora. El libro es un viaje un poco tenebroso pero lleno de esperanza. Es un libro del Madrid de los 2000 y de los 2010 y los 2020. Es prosa y es poesía. Yo me lo leí en 3 días y no es un libro fácil pero tiene esa magia de lo complejo que acaba arrastrándote en una carrera loca. No sé si será un best seller pero seguro que sí un libro de culto. Es un libro que abre muchos debates y mola leerlo para poder participar en ellos.
Una novela que atrapa y no quieres soltar, pero al mismo tiempo lees poco a poco porque no quieres que acabe nunca. Quieres quedarte ahí con esos amigos que casi puedes tocar, porque a través de la novela y sus músicas los oyes y bailas con ellos cada página. Sus vidas son la vida misma, y cada uno tiene una parte ti que reconoces. Hacía muchísimo tiempo que me sentía tan enganchada a un libro por vivirlo con todos los sentidos.
De lo mejor que he leído últimamente. Una novela buenísima. Llena de juegos de palabras y de música. Y triste, como la vida misma. Si te gusta el baile nocturno y la vaina, te la recomiendo. Y también si te gusta Irvine Welsh.
tiene momentos y, en aquellos, logró emocionarme. pero el juego es demasiado desafiante para una mente cansada. no saber bien quien habla y quien responde, esa narración filmada, etc hicieron que muchas veces perdiera el hilo.
Una historia cautivadora. Cierto es que de inicio puede resultar un poco tediosa la forma en la que está escrita, la manera de usar los signos de puntuación o como el autor usa la primera persona en varios personajes. Pero desde luego transmite el desasosiego y el momento de crisis y cambio que viven los personajes, insinúa sus vulnerabilidades, deja entrever sus miedos y los caparazones que cada uno a su manera fabrica para disimularlos incluso a ojos de los mismos presonajes, todo en un contexto real que fue la situación social del momento (mayo de 2011 en Madrid). Si bien la situación de cada personaje es algo exagerada (para eso son personajes de novela), eso propicia que cada uno de ellos tenga su propio motivo, estilo, y preocupación. Y al final, esa manera de escribir tan aparentemente desordenada (siguiendo un orden poco convencional) se hace hasta familiar y no resulta lo tediosa que podía parecer al principio. También hay partes con una narrativa más ‘convencional’ (por llamarla de alguna manera), pero en general el ritmo de la novela es muy ágil. Recomendable sin duda.
Como retrato generacional en los albores del 15 M, Gallego acierta trasladando la rabia y urgencia de aquellos vibrantes días a todo el texto, jugando con los estilos, y haciendo que la prosa se vuelva altisonante y gamberra.
La historia en sí, la del retrato de esta deslavazada pandilla de amigos, no es excesivamente reseñable, pero está descrita con soltura y credibilidad, que entre idas y venidas, sexo, drogas y rock and roll (más bien punk), sabe salpimentar el anárquico relato con frases y reflexiones que tienen bastante poso.
La prosa sin signos de puntuación, la transcripción de las conversaciones de manera literal sin explicar quién dice qué, la hace a veces un poco intricada. Ahí quedarán para la memoria esas largas páginas en las que salta de personaje pero no de renglón, haciendo aún más epiléptica la lectura, como si vieras 5 escenas a la vez al ritmo de una luz estroboscópica.
Me ha encantado el contenido, pero desgraciadamente no el continente, ese jugueteo tan beatnik termina por opacar un texto que, con un estilo más prosaico, quizás (me) habría funcionado mejor.
No he pasado del primer capítulo. La forma en la que está escrito no es para mi. Los diálogos te pierden por completo, me ha aburrido el continuo Darío desvarío, Leo la lía, Cain que es Abel... de las primeras páginas y me interesaba cero la parte de los personajes de fiesta, tomando drogas y alcohol. A lo mejor llega un momento en que empatizas con ellos, la historia te lleva por otro lado (no va a ser todo una noche de fiesta) y te acostumbras a la narrativa, pero desde luego no he tenido paciencia para llegar a ese punto.
Un libro, a mi parecer, denso. Se me ha hecho muy pesado leerlo, supongo que me lo esperaba de otro modo. Además, la forma desordenada en la que está escrita, hace que en ocasiones te lies o pierdas el interés.
4,5. Este libro me ha sorprendido muy gratamente. Conocía al autor por la radio pero la sinopsis no me llamaba demasiado. A pesar de todo, me alegro muchísimo de haber leído este libro, me han encantado su estilo, el lenguaje y la construcción de los personajes. Lo recomiendo muchísimo.
Esta bien, algo experimental y con momentos potentes. En ocasiones abusa de ciertos experimentos con la tipografia y de ciertos recursos para dar ritmo. Javier Gallego tiene talento, pero se nota que es una primera novela.
Genial. Me ha flipado. Fresco y atrevido. Una novela llena de estilo, de agilidad, rapidez y confusión (el de los personajes viviendo una epoca de crisis económica/política/ideológica) y, quizás, del lector, por su curiosa estructura que hace de su lectura casi un juego. Me recuerda al estilo de Irvine Welsh (Trainspotting). También viene a la cabeza la serie de TV "La Ruta" pero en este caso la historia sigue a un grupo de no-tan-jóvenes amigos durante una (de tantas) crisis económicas del capitalismo en Madrid (lo cual hace que los personajes me representen en casi todo). Drogas, sexo, rocanrol, alienación, hedonismo, egoísmo y esperanza. Da gusto leer algo diferente, atrevido, fresco y puramente literatura.
4/10 ___ He leído este libro con la voz de su autor. La tenía muy presente porque he seguido sus pasos como locutor de radio. Hasta aquí todo bien. El problema es que la novela es coral, polifónica, narrada en primera(s) persona(s), además. Admiro la redicha prosa de Gallego, llena de juegos y triples tirabuzones, pero confieso que me resultó imposible desligarme de su figura. Los recursos estilísticos intercambiables no ayudaron a introducirme en la historia y lo que prometía ser un frugal festín terminó convirtiéndose, lamentándolo profundamente, en una merienda de cumpleaños.
Creo que simplemente no es un libro para mí. Me gusta mucho la crítica socioeconómica y política que quiere transmitir y transmite, pero no la forma en que lo hace. Se regodea demasiado en el sexo, las drogas y la fiesta; y da diálogos demasiado “pedantes” e inverosímiles a unos personajes a los que (en mi opinión) no les pega. Lo mejor esa sensación de enfado, de crispación y crítica hacia la situación que nos toca vivir a la juventud española. Para mí, lo que salva al libro y por lo que lo he terminado.
Me ha encantado. Un estupendo libro que te atrapa desde el primer momento. Me gusta mucho su narración tan innovadora y su gran cantidad de referencias a canciones que ayudan a meterte a fondo en la atmósfera underground de un grupo de amigos que buscan resituarse en la vida. Personajes muy bien construidos, que además de diálogos de frases cortas, nos regalan reflexiones que no dejan a uno indiferente. Me ha dado mucha pena acabarlo.
Este no es un libro cualquiera. Este libro es un viaje. Pero una, a veces, no sabe si navega en un poema, una canción o una novela gráfica, si está en una viñeta de la que no puede salir, sin encontrar los puntos, las comas, ni siquiera a veces el guion (o los guiones) que la saquen de ahí.
Porque a veces una quiere quedarse en esa conversación, sin entender a ratos con quién conversa, quién le está dando una lección, de la noche, de la vida, de juventud o de madurez recién estrenada.
Otras veces quieres huir de la página por el desasosiego que recorren las palabras y las conversaciones. A veces no se sabe quién está más drogado, si los personajes o una misma, con sus diálogos, pensamientos, conversaciones al móvil y los pensamientos entrelazados. Sin saber qué hora es, a quién buscan, ni cuántas horas llevas de fiesta, y te preguntas, de pronto, cuánto tiempo hace que no fuiste a la sala Sol, con quién estuviste la última vez, a quién iluminaba entonces aquella luz roja característica, quién tocó y con quién ibas. Si sigue abierto el Juglar y hace cuánto que no vas. Podrían haber sido ellos, los protagonistas, los mismos que te cruzaste en el 15M y que perseguían los mismos sueños que tú, encajar, entre rayas, preguntas, discos y muchos pitis. Ese sofá donde reclinar la cabeza sobre alguien y seguir divagando sobre el mundo, tratando de saber si vas a salir a flote.
Sí, a veces me he perdido en la narración de Javier Gallego @carnecruda, sin saber quién me contaba qué, pero me daba igual, porque cómo lo contaba me importaba más que quién. Yo seguía perdida por Madrid yendo de un personaje a otro como en una noche eterna dejándome llevar por su inimitable estilo, enganchada por la sonoridad y el hilo de sus palabras, engarzadas con maestría. He tenido que coger lápiz para subrayar párrafos enteros en los que me reconocía, los que hacen daño porque traen mucha verdad. Me parece una obra en cierto punto angustiosa, llena de acción, movimiento, experiencias, matices, subtextos, noches, oscuridad, búsqueda, encuentros, preguntas, silencios y decepciones; llena de vida, en definitiva.
Un libro irreverente. Una técnica narrativa que rompe con las normas literarias preestablecidas, en honor y al son de su propio espíritu irreverente. Esto puede dificultar su lectura, lo que tardas en crear nuevas conexiones al margen de los caminos neuronales acostumbrados, pero si le sigues te espera un buen viaje.
En cuanto al contenido de la historia: conoces de primera mano las líneas de pensamiento de una generación golpeada por las crisis de la España reciente, desencantada con un país que no les ha permitido avanzar y que se sumerge en el mundo de las drogas como medio de evasión, pues (en palabras de uno de los protagonistas) "La química es la única manera de soportar la física". Personalmente, estas partes en las que la historia nos sumerge en los flujos de conciencia de los drogados me resultaron agotadoras, a nivel psicológico pero también emocional. En este sentido, la novela te atrapa en un aura bastante deprimente, tuve que parar en ciertos pasajes a respirar un aire menos viciado.
Después de leer esta novela, tuve a todos los protagonistas dando vueltas por la cabeza durante mucho tiempo. Sus voces, potentes, líricas y rabiosas, hablan de un final de juventud desencantado y resacoso, reflejo de las incertidumbres y dolores de este siglo. Un final de fiesta que arranca con otra, un principio absorbente que te mete de lleno en el grupo de la mano de un recién llegado que anda tan desorientado como los protagonistas y el lector, que ha de hacer un esfuerzo por seguir las conversaciones fragmentadas y (re)conocer cada nueva voz que llega para presentar su vida y sus desconciertos. Javier Gallego juega con la tipografía, el ritmo, la ausencia de puntuación, la música, los diálogos entremezclados y la poesía para trasladar al texto los excesos y agotamientos -físicos y mentales- de los protagonistas, arrastrando con ellos al lector, que termina también con resaca emocional. Si subrayas los libros, subrayarás. Si te excediste en las noches, lo recordarás. Si no arriesgaste entonces, arriesgarás ahora. Y si te unes a ellos, los acompañarás hasta el final.
Compré este libro el año pasado en la Feria del Libro de Madrid, y hasta tengo el ejemplar firmado por Javier, el autor. La verdad es que no fue una lectura fácil, sobre todo por los diálogos, que a veces me costaba seguir quién hablaba. Pero valió totalmente la pena. Me reí con algunas partes —y eso que el español no es mi lengua materna—, y con otras casi llore. Lo que más me fascinó fue el viaje hacia el interior de los personajes. Sentí algo muy curioso: cómo es posible que, habiendo crecido en lugares tan distintos (yo soy de Irán), hayamos vivido cosas tan parecidas. La vida y sus relatos, la confrontación con la generación anterior, el enfado, los refugios que elegimos; la literatura, la música, el cine… y sí, nuestras fiestas (reuniones con amigos) que parecían interminables, y tantas cosas iguales que también vivieron otros en sus treinta en España, en Madrid. Fue una lectura muy emocional, muy nostálgica. Me encantaron esos diálogos tan poéticos, tan teatrales a veces. Es de esos libros que se te quedan dando vueltas en la cabeza después de cerrarlo.
No he segut consumidor de drogues més enllà de l’alcohol, el tabac o les medicines, allò, en fi, que la societat tolera i recomana; algun porro de jovenet i pare vostè de contar. Però llegir ‘La caída del Imperio’ deu de ser quelcom paregut a un xut d’LSD: t’envolta, et transporta, et sacseja i et deixa exhaurit, i , com bona droga, és addictiu. Costa entrar, eh? La primera part vas com cagalló per sèquia intentant saber qui parla i de qui parla. La manca absoluta de signes d’interrogació, exclamació o guionets, els salts d’un protagonista a un altre et deixen fora de joc, fins que aconsegueixes fer-te u més del grup. I aleshores, quan ja coneixes tothom, la novel·la entra en una dinàmica en què n’hi ha una prosa delirant, n’hi ha poesia, n’hi ha enyorances, n’hi ha ràbia, n’hi ha impotència, n’hi ha música, molta música, bona música. I n’hi ha desencant. Sobre tot desencant. Desencant per allò que podia haver segut i no fou. Ni serà. En el moment actual, menys que mai.
No era el momento de leer este libro. Tengo a Javier Gallego por un periodista muy reivindicativo y gran comunicador; le admiro por ser capaz de desarrollar su actividad al margen de grandes grupos mediáticos. Con el título, La caída del imperio, esperaba un relato del cómo cambiar las cosas desde el prisma de un grupo de jóvenes crispados. Cuando vi la portada, la expectativa de encontrar crítica social y política aumentó y me lancé a comprarlo sin dudar. Lo que he leído (lo siento, no he sido capaz de terminarlo) cuenta una historia de jóvenes en etapa de fiesta alocada, que me genera nulo interés. No he visto o no he llegado a la parte en que su desasosiego se transforma en algo más. Aparte de la temática, me cuesta la idea de eliminar los signos de puntuación, de escribir desordenado, y tampoco me convence la originalidad de los cambios de letra y otros experimentos estilísticos que dificultan la lectura.
Han pasado varios días desde que acabé la novela y a veces me entran ganas de volver a subirme a la montaña rusa en la que se convertía su lectura para un nuevo viaje. Me parece una novela vibrante, ágil, triste… Javier, a través de una escritura desordenadamente ordenada, jugando con los signos de puntuación y los espacios, y con una banda sonora que acompaña al relato, consigue que no puedas parar de leer. Como dice uno de los personajes de la novela, me hubiera gustado dejar sin leer las últimas páginas para que el final de la novela no llegara nunca.
La novela está bien, los cambios de narradores, sin avisos de quien habla no son un problema, enseguida le coges el rollo de quien es quien. Aunque soy prácticamente de la misma generación q el autor, y de estilo de vida parecido, hay algo q me chirría durante toda la novela, no sé de dónde sale tanta tristeza, tanta tara, en absolutamente todos los personajes, q a veces son todos el mismo. La melancolía de los personajes es más propia de los 50 cuando realmente vemos q se acaba la fiesta, q de los 30 cuando somos indestructibles.
Un relato generacional aplastante. Me lo ha removido todo en ese viaje que lo mismo te lleva a la sala el Sol de fiesta que a la agonía y excitación de las plazas en protesta. Siento que al terminar de leer esta novela también acepté que estoy en el final de mi juventud, pero este relato me regala el poder mirar atrás con orgullo de clase y seguir de frente. Si no entiendes del todo qué te pasó en los 2010 tienes que leerla.
Este libro remueve cosas por dentro. Al principio se me hizo extraña su lectura por su aparente caos, sentía que me perdía. Sin embargo, poco a poco iba conectando irremediablemente con cada personaje. Cada uno de ellos tiene algo que puedo ver en mi y en la gente que conozco. Es el relato de la generación que me precede y en muchos sentidos todo es igual para mí ahora. Desgarrador y acertado. Pero que rabia.
Era el libro que necesitaba en este momento. Una mirada atrás para verme en parte de cada uno de los protagonistas. Un caos de juventud con un desenlace incierto. Como la vida misma. Miles de referencias musicales y culturales con las que te identificas. 4 estrellas y no 5 porque hay cuestiones en las que habría profundizado más.