A veces las cosas no salen cómo las planeamos. Y cuando eso que no sale bien es un embarazo, el mundo se nos viene abajo, como si de pronto nuestros pies se quedaran sin un suelo que pisar.A las treinta y ocho semanas de embarazo, el corazón de mi primer hijo, Matías Sebastián, dejó de latir. Con su muerte, una parte de mí también murió. Por un momento sentí que mi vida ya no tenía sentido. Fue una dolor, desolación, angustia. Pero fui encontrando un camino hacia la transformación, una ruta para aprender a confiar y a creer en los milagros.Esta es la historia de cómo la vida late a pesar de la ausencia del cuerpo físico, de cómo los latidos de Matías se siguen sintiendo con el paso de los años, abriéndole paso a más vidas y hacia mi propio latido vital.Este libro narra lo difícil que es atravesar por el duelo perinatal, pero también el legado que nuestros hijos dejan en nosotros, marcándonos para siempre.