One of the most important Ecuadorian writers of our times develops with the frantic movement of an equestrian race, a gamble with glory, life and death. Articulated with the precision of a clock, this novel contains the difficult and exciting flavor of intrigue, splashed with a violence that is felt and grasped. Vásconez composes a fresco of complex, intense, painful and irreducible loves, a tenderness that accepts any challenge, and a reality that becomes universal. Description in La sombra del apostador desarrolla, con la progresión frenética de una carrera hípica, una apuesta por la gloria, la vida y la muerte. Articulada a la manera de un reloj de precisión, esta novela contiene, como pocas en el panorama latinoamericano actual, el difícil y excitante sabor de una intriga áspera y sin concesiones, salpicada de una violencia que se siente y se palpa. Javier Vásconez compone un fresco de amores complejos, intensos, dolorosos e irreductibles, y de símbolos que aluden a una libertad en agonía, una ternura que soporta cualquier desafío y una realidad que se universaliza. Del escritor ecuatoriano más importante de nuestro tiempo.
En las páginas que corren una tras otra en La sombra del apostador reposa dormida una ciudad que se dibuja clausurada, que se ensalza con sus grandezas y sus miserias, aquello a lo que aspira en su pequeñez y lo que le resulta imposible de alcanzar en sus límites poblados de montañas. La atmósfera que presenta Vásconez sobrepasa el objetivo del narrador “componer el perfil de una ciudad imaginaria” , cubierta de lluvia, neblina y misterio. Un hipódromo, caciques y un gran premio constituyen el escenario perfecto en el que se teje un crimen, que no está desprovisto de la mancha indiscutible de la pasión y una sexualidad tan perversa como soterrada. Un expresidiario, un alcalde rencoroso, un periodista sin ambiciones, mujeres etéreas que se trasladan ligeras en bicicleta, dejan flores en tumbas anónimas, se bañan en perfumes excitantes, o lloran la muerte de un hijo. Un jockey menudo y veloz que huye de la muerte galopando hacia la nada sobre Soliman, el caballo ganador. Y, sin duda, el triunfante apostador, el que lleva inscrito en su espíritu el fervor del riesgo, la ausencia de miedo a la derrota, el indiscutible domador del deseo. ¿Pueden existir mejores ingredientes? Si hay algo que guarda y fabrica la obra es el secreto, la oscuridad y lo imprevisible, el silencio está bien hilvanado en imágenes que gozan de exquisito detalle para el lector de fino paladar; los olores nos alcanzan, ya sea en las notas de un fino perfume, en el desgastado aroma de páginas de periódicos viejos, o en la humedad dejada en las calles por una lluvia cansina. El autor entrega señuelos para componer el desenlace de un crimen y la atrocidad de un incesto, hechos que se cuecen entre los rumores y certezas de las voces de la urbe. Magistral y limpio, Vásconez posee talento para la sutileza al abordar el horror y ofrece a los lectores una obra que estremece por su trama y por su estructura arquitectónica, tan perfecta como la del hipódromo que se levanta entre los Andes de aquella ciudad sin nombre.
Acabo de terminar La sombra del apostador. El libro no se lee, se huele, se late...
Me atrapó con la fuerza del perfume que Sofía mezcla con la memoria dolorosa de su infame padre, y me dejó el corazón golpeando como los cascos de ese caballo que corre y que triunfa, mientras arrastra al jockey muerto para destramar la corrupción.
Leí sus páginas con el mismo vértigo de la carrera: intriga, corrupción, muerte… y que aun así, la vida se abre paso, fría y brutal.
Sentí el calor de esas noches de amor con Sofía, descritas con tanta intensidad. Quiero decir que me hizo vibrar, que su prosa me recorrió la piel.
Soy adicta a la novela negra y en esta novela se volvió algo más: ese tipo de crónica periodística que me encantó.
Gracias por dejarme entrar en esta ciudad, por regalarme personajes que no pienso olvidar. Leer a Vásconez ha sido como dejarme arrastrar por esa locura de las apuestas… y salir ganando.
Para los melancólicos de ese Quitó de ayer, que talvez nunca fue, pero es hermoso imaginarlo siempre....! Javier Vásconez uno de mis escritores ecuatorianos predilectos! Sus lecturas nunca decepcionan!