Hace tiempo leí una crítica de este libro de un escritor que comentaba (mas bien se jactaba) de haber leído El Estilo de Los Elementos en una semana. Supongo que no tendría mucho más que hacer o sería una actividad remunerada, una perversión en mi humilde opinión.
Leer este libro ha sido un parto en parte, complicado y doloroso, pero sobre todo lo que le antecede. Meses de acompañamiento, de tomar cariño a algo que no entendía muy bien, un acto de amor y pasión por la literatura. Fresan es un erudito, la cantidad de datos y referencias literarias/filmicas/musicales que por aquí desfilan solo me hacen reflexionar qué estoy haciendo con mi vida, ¿cómo puede albergar tanto conocimiento una persona? (Perdón por el paréntesis pero, nota: Una vez Rodrigo Fresan me dijo que lo mejor es leer a Proust en francés o la traducción al español de Pedro Salinas, nunca en inglés. Atesoro estas palabras como si algún día pudiesen salvarme de un incendio)
Una novela (o un artefacto) sobre la memoria, algo que me obsesiona ya que es precisamente lo que me falta, el pasado-presente-futuro, el amor por la literatura, la necesidad de Lectores y el exceso de Escritores que no leen. Exceptuando momentos de boomerismo por parte de la voz narrativa, es una novela perfecta a la que hay que darle tiempo, bastante tiempo. Y comprensión y cariño. Me ha despertado ganas de leer a Wittgenstein, y a Proust, y a Faulkner; me ha quitado el miedo a la soledad ——en parte—— y me ha enseñado que hay más gente que se siente como yo.
Sostiene La Voz Narrativa que los libros no deben parecerse a sus lectores sino a sus autores. El lector no debe buscar la identificación con una obra, eso es demasiado fácil, eso es lo que se estila ahora. Abajo la auto ficción
Nota al pie: este libro me lo acabé durante mi estancia en un monasterio y es el primer libro que termino estando en paro. Para acordarme y recordar. Recordar es releer.