Mi parte favorita de este libro es la forma con la que trabaja las descripciones. Se trata de un libro muy sensorial, donde muchos de los sentimientos casi se pueden palpar. Todo el tiempo se hace presente el fantasma de una realidad chueca que el protagonista se niega a aceptar. Es una lectura dura por momentos, que nos recuerda un periodo no tan lejano donde las cosas se pusieron bastante salvajes, y las distancias y los temores eran nuestro día a día. Realmente me gustó mucho, y les recomiendo darle una chusmeada.