Antes de decir cualquier cosa, tengo que aclarar que Raquel es de mis mejores amigas. Así que el leer este libro también es como imaginando que es ella, porque escribe como es, algo que me encanta haber descubierto de ella como escritora. Tiene mucho en común con Julia, así como muchas mujeres tenemos. Es muy porteña, Buenos Aires, ligona, fiestera, divertida, amiguera. Me reí en unas partes, por esta antiheroína atrevida que se lanza a hacer cosas por las que la quieres matar por un lado, y por otra piensas que te encantaría ser así. Muy recomendado, y entretenido.
Me declaro fan de aquellas historias en las que no pasa nada y a la vez pasa todo. No hay exorbitantes hechos materiales sino un desarrollo emocional grandísimo. La autora nos demuestra que no hacen falta grandes nudos ni catástrofes objetivamente garrafales para contar una gran historia: solo nos bastan las fatalidades que ocurren adentro nuestro. Con un lenguaje amable y a la vez poético, la stalker se vuelve una droga adictiva que querés consumir sin parar en dos días. Me pone muy feliz encontrarme con autores incipientes que nos regalan libros maravillosos. Espero que pronto sepamos más de raquel.
"Agarra un papel y anota Cosas que tienen que cambiar. Dos puntos. Se mira los zapatos nuevos. Tira el papel y escribe en otro. Cosas que cambiaron. Dos puntos. Yo." __________________________________________
Tuve la suerte de conocer y hablar con Raquel. Es un amor. 💕 Esta es su primer novela y, tendría que decir que me encantan sus imágenes poéticas, a pesar de ser una escritura bastante directa y contemporánea: • "El brillo se quedó en la imagen del recuerdo..." • "Y entran el aire fresco, el aroma a otoño, la claridad y el deseo en unos labios con gusto a frutilla." Raquel tiene un capacidad impresionante para contar historias y meter un toquecitos de humor. Y también gastronomía; un tema recurrente en la prosa de Tejerina como forma de recordar la niñez. Me pareció un libro muy... real; que sin nada de metáforas complicadas nos mostró cuan increíble e interesante es la vida de Julia —que podría ser, tranquilamente, mía o tuya—; sus "enamoramientos" y sus métodos para dar con Ignacio (Wink* Wink*).
Julia conoce a Ignacio en un boliche, la pasan bien, se besan y bailan. Él va a su departamento, pero la cosa se traba cuando no logra tener una erección. La próxima vez seguro que sí… después de que él la llame para volverse a ver. Sin embargo, eso no sucede. Así comienza la carrera de Julia por encontrar a este joven tan hermoso, del que solo sabe su nombre, tiene una idea de dónde vive y recuerda que tiene una moto con la patita rota. Es poca información, aunque no tan poca como para que Julia se rinda. Con el juego solitario como oráculo y cualquier suceso o detalle azaroso como señal, Julia incorpora a su rutina la búsqueda insaciable: redes sociales, patentes de motos, recorridos por el barrio. «La Stalker» es la historia de una mujer en una cruzada obsesiva por encontrar al hombre que la encantó, como si se tratara de una victoria personal y, al mismo tiempo, de una desesperada búsqueda de amor. Una novela de lectura activa sobre dinámicas de vinculación sexoafectiva calculadas y compulsivas. Ideal para relajar una tarde de este verano que se viene.
3,5 ⭐️ la estaba pasando tan bien leyendo esta novela, que la quise estirar lo máximo posible, pero realmente se lee en una sentada. Una mirada real a los modos de vincularnos sexoafectivamente en los tiempos que corren.
Librito breve, con mucho humor negro, muy argentino o rioplatense, si se quiere. La stalker trata de una mujer que se obsesiona con un hombre, pero la obsesión es una excusa para plantear muchas otras cosas: el deseo femenino, el rol de la mujer en la sociedad, la soledad, la salud mental...