Lo mejor de Isaac Rosa es la aplicación literaria de los análisis sociológicos, que hace suyos y reelabora, y acaba por transformarlo en un argumento literario. El hilo narrativo es un in crescento, que sabemos que va a acabar mal, pero no sabemos cómo, o lo llegamos a intuir únicamente en cierto momento de la historia.
Empezamos con un tema tan trivial como un robo que alerta a Sara, madre de familia, que a mí gusto tiene poco protagonismo con el tiempo, y me hubiera gustado mayor papel. La víctima acusada del robo es la sirvienta y parece, ante los ojos de Sara y del lector en ese momento, que las culpa es de esta sirvienta, pobre y extranjera. Podríamos decir que es una primera víctima inocente. La pérdida del empleo y la sospecha hunden a una familia de inmigrantes, de la cual Sara tiene miedo, y muestra el egoísmo humano y sobre todo de los 'pobres ricos' o la clase media, frágil para los poderosos y tirana con los que tiene más abajo.
El problema es cuando se descubre que es su hijo obligado por un matón: segunda víctima coaccionada en un ambiente de bullying. El autor hace un increíble análisis y descripción de ésta: realmente, me ha metido en el lugar y la empatía, porque yo fui ese niño (aunque sin robar ni ser coaccionado), sale a floto como veneno. Es increíble. Aquí vemos cómo la fragilidad de la clase media se compagina con el miedo y las fragilidades interiores y socioeconómicas: los pobres, los inmigrantes, los poderes manipuladores y abusadores, etc. El niño es víctima de alguien que muestra el rostro de ese temor, de esa pobreza de la que se huye, por miedo, a pesar de la hipocresía de un personaje, el padre, progresista y demasiado alienado para actuar.
Eso va a dar a una víctima tercera y consecuencia de la propia personalidad del personaje y de la sociedad: el padre, incapaz de afrontar el conflicto con un menor que le amenaza, le agrede, le extorsiona. Digamos que las tornas giran teóricamente del pobre al que se ve más rico, aunque es también un tipo sin gran poder social ni económico, como digo, otro 'pobre rico' irónicamente. Lo poco que tiene lo puede perder ante otros que no han podido escalar como él: es una buena careta de nosotros mismo, y lo reconozco, es que muestra las debilidades de los que venimos de familias no ricas pero que han conseguido salir de ese barrio marginal u obrero... En cambio, es incapaz de tratar con el niño: no hablan los mismos códigos. Nunca le han enseñado a defenderse, a trabajar con miedo y en esas realidades, donde la violencia y la intimidación son el día a día. Es un inadaptado para ese código de guerra, el de la picaresca, la picaña, el ladrón, el rufián...
Habrá una víctima más, pero dejo que os lo imaginéis y que leáis la obra. Interesante y sugestiva. Si tengo que poder una pega es a veces su abuso de repetición de formas y códigos. Ya no es esta obra, sino en general. Aun así, por lo general es muy amenas con respecto a otras en donde sí que llega a suponer demasiado pesado la concatenación de frases con comas, yuxtaposiciones larguísimas como un día sin pan, a veces que se pasan de crear su efecto. Es cierto que es su signo y crea un ambiente maravilloso para el País del Miedo, alejado del País de la Alegría, imposible sin que hay una puerta blindada y dinero, mucho dinero creado, en gran medida, con miedo.