Para Cohen la poesía supone una desviación respecto a la prosa. Lo que distingue a la poesía del carácter denotativo del lenguaje intelectual son las figuras retóricas, cuyo uso, -no como mero adorno, sino como procedimiento esencial-, confirma la actitud desviacionista propia de la poesía. Al romper las estructuras normales lógicas y gramaticales, la poesía reestructura algo nuevo sobre ellas, pues no tiene otro medio de expresar lo que quiere decir.