«El tiempo que pasé en el pueblo» es una novela intimista que nos pone en los zapatos de Hugo, un joven de 17 años que descubre que es homosexual.
Nos encontramos en la España de los años 90, en una sociedad que se acerca con cautela hacia una libertad que lucha por huir de un pasado muy reciente, cargado de opresión y desconocimiento hacia la diversidad sexual. A través de los ojos de Hugo viviremos la experiencia de enfrentarse a una sociedad que lo margina y que le obliga a ocultar lo que es.
Hugo se topará con mucho rechazo y prejuicios varios, mientras intenta luchar por su identidad y descubrir quién es él realmente. No obstante, encontrará consuelo en otro chico de su edad, Jon, que llegará a ser un buen amigo y, quizá, algo más.
Ha sido una lectura a la que me he enganchado completamente y la he disfrutado de inicio a fin.
Como mujer hetero criada en los noventa, he crecido viendo desde un punto de vista de espectador la represión social y los comentarios homófobos a los que tanto nos ha acostumbrado la sociedad y que por desgracia a día de hoy siguen estando normalizados en muchos ámbitos. Una solo puede llegar a imaginarse cómo puede sentirse un adolescente que está empezando a sentir cosas sobre las que todos a su alrededor repiten hasta la saciedad “que están mal” y “que no es lo normal”.
El libro ofrece un punto de vista introspectivo de un joven de diecisiete años que recién está descubriendo que lo que a él le gusta no está bien visto, ni por la sociedad, ni por conocidos, ni por las instituciones y lo que es peor, ni siquiera por su propia familia. El rechazo de las personas que deberían estar ahí para apoyar y acompañar es probablemente lo que más terror provoca en una mente tan joven.
Como he indicado al inicio, ha sido una lectura que me ha enganchado en seguida y me ha mantenido interesada según avanzaba la historia. Los pensamientos internos de Hugo (el protagonista) han sido una montaña rusa: he sentido confusión, algunos sentimientos me han angustiado y otros me hacían querer estampar el libro de la rabia, sobre todo la insistencia de su entorno: “te va a ir todo mejor siendo normal”. Por suerte el sentimiento que más ha prevalecido era el de la esperanza de que todo funcionase para el protagonista al final. A pesar de la confusión inicial y de sus intentos de “encajar” porque era lo que le decían que debía hacer, nos lleva con él en un viaje de autoconocimiento y aceptación que se ha sentido inocente y genuino.
Por otro lado también me ha encantado zambullirme de lleno en los 90: cómo las web tardaban un buen rato en cargar con el inconfundible traqueteo del módem, los posters de películas y bandas sobre la cama, los VHS, el walkman y los cassettes, ir en bici a todas partes, los videojuegos… Mi corazón noventero no puede evitar sentirse nostálgico con toda esta ambientación que se siente tan lejana hoy en día.
Agradezco haberle dado una oportunidad a esta lectura, la historia de Hugo se quedará para siempre en un rinconcito de mi alma.
Creo que es un libro que se lee fácil y te ofrece mucho a cambio, recomendaré leerlo a cualquiera que me pida alguna recomendación en el futuro sin duda.
"El Tiempo que Pasamos en el Pueblo" de Mikel Urreizti Santos, una novela que nos invita a reflexionar sobre temas tan relevantes como la homofobia familiar, la homofobia interiorizada y el contraste entre la vida en el pueblo y la ciudad.
La historia sigue a Hugo, quien, tras salir del armario, es rechazado por sus padres y enviado al pueblo para vivir con su abuela. En este entorno, Hugo se enfrenta a sus propios miedos y a la homofobia interiorizada que ha cultivado durante años. Sin embargo, encuentra en su abuela un faro de amor incondicional y apoyo, demostrando que la verdadera familia es aquella que te acepta tal como eres.
Mikel Urreizti Santos nos muestra cómo las expectativas familiares y las tradiciones pueden convertirse en obstáculos para la aceptación personal. Hugo vive en la dicotomía entre el pueblo y la ciudad, mientras que Jon, otro personaje clave, está atrapado en el miedo y la tradición. Esta dualidad refleja la lucha interna de muchos que buscan su lugar en el mundo.
La narrativa es conmovedora y honesta, capturando la esencia de lo que significa pertenecer y, al mismo tiempo, sentirse ajeno. Nos recuerda que el verdadero hogar se encuentra dentro de uno mismo y en aquellos que nos aman sin condiciones.
Si buscas una lectura que te haga pensar y sentir, "El Tiempo que Pasamos en el Pueblo" es una obra imprescindible.
No tengo por costumbre leer libros autoeditados, no por nada en especial, sino porque siempre compro los libros en librerías. Con 'El tiempo que pasé en el pueblo' hice la excepción al empezar a seguir al autor en redes. Hacía tiempo que no conectaba de esta manera con los personajes principales de una novela, quizás porque me ha recordado mucho a 'El viaje de Marcos', uno de mis libros favoritos.
El hecho de que 'El tiempo que pasé en el pueblo' no haya pasado por los filtros de una editorial tiene sus puntos positivos y negativos. Por un lado hay una verdad y una inocencia a la hora de contar la historia que quizás se hubiesen modificado en el proceso de edición y que sin embargo le otorgan un gran valor a la novela, pero también es verdad que hay otros aspectos que, de haber pasado por una edición más profunda, habrían mejorado la novela.
Tras leerme la novela en apenas un par de días, quedo totalmente prendado de la historia y de sus personajes. Hugo y Jon están tan bien creados que es imposible no conectar con ellos y llegar a cogerles mucho cariño. Sin duda regresaré a esta novela en más de una ocasión.
Me ha parecido un libro muy bonito con un final atípico. Los personajes son entrañables y te hacen sentir las cosas que sucedían en los 90, yo me he visto muy reflejado en Hugo y sus padres y en su evolución, por otra parte conozco a tanta gente que vive como lo hace el personaje de Jon..
Un libro con una historia adolescente entretenida. Se lee fácil y rápido. Es una novela de formación que aborda la aceptación de la homosexualidad bajo las presiones sociales y familiares.