El día en que murió Allende fue publicado en 1988, cuando Pinochet todavía estaba en el poder y no existía la enorme literatura —libros, documentales, películas, series— sobre el golpe de Estado que hoy sí tenemos. Por lo mismo, haber leído el libro en esa época probablemente hubiera sido una experiencia distinta en comparación con leerlo ahora.
Ignacio González Camus narra lo que ocurrió el 11 de septiembre de 1973, historia que sabemos cómo termina. Para ello, entrevistó a decenas de testigos y protagonistas de ese día, dentro y fuera La Moneda, que cambió irremediablemente el curso de la historia de Chile, incluyendo a ministros del gobierno de Allende, asesores, líderes políticos, funcionarios públicos, periodistas, detectives, carabineros, generales golpistas y familiares —padres, cónyuges e hijos— de las futuras víctimas de la dictadura.
El autor opta sabiamente por enfocarse en el 11 y en los días previos e inmediatamente posteriores, y no más allá de este breve periodo. Él mismo dice en la introducción que no pretende juzgar y que su libro solo busca «... ser una descripción ambiental y humana que registre el microcosmos de brota de los recuerdos del día del golpe de Estado». Y es por eso que se centra en los hechos esenciales, en las acciones y omisiones, las decisiones y cavilaciones de los actores principales y secundarios —de un lado y del otro— de ese día.
Como se trata de una narración y no una mera cronología de sucesos, clave es la habilidad del autor de ir alternando e hilando los diversos puntos de vista a medida que los acontecimientos se van acercando hasta la conclusión irremediable. Y también es muy efectiva la apuesta de situarnos en el contexto de los mismos testigos una década y media después, cuando fueron entrevistados para el libro, en paralelo a los recuerdos que los hacen regresar una y otra vez a esa mañana de 1973.
Pero González Camus hace más que trazar una «descripción ambiental y humana»: le imprime al relato un desapego emocional que solo deja al desnudo el desastre que se despliega. Y de eso es lo que, en esencia, trata el libro: de hombres y mujeres, como cualquiera de nosotros, que viven el día a día, con dudas, miedos o esperanzas, hasta que de repente el mundo que conocían se derrumba, inconscientes del horror que les espera a la vuelta de la esquina.
Numerosos libros y reportajes que han sido publicados posteriormente a este libro se han enfocado en los numerosos aspectos históricos, políticos, económicos y jurídicos de la UP y del golpe de Estado.
Por lo mismo, leer El día en que murió Allende en 2025 se siente, en cambio, como volver a lo esencial: la experiencia humana de ese martes 11 de septiembre de 1973. Y es por eso que no ha perdido su relevancia.
Pero también por su gran calidad. Es un libro desprovisto de melodrama, porque los hechos hablan por sí solos y no hay nada que dramatizar. Y precisamente por eso es una obra triste y conmovedora: al despojar de los hechos todo lo superfluo, solo queda la tragedia.