Me resulta complicado colocar una valoración que haga justicia a este libro. Aunque no se puede obviar que es hijo de su tiempo -la autora, discípula de Parsons, hace gala de un cándido funcionalismo-, siento que que hay tanto potencial desaprovechado… Que en el epílogo, 45 años después de su publicación, no haga ni el mínimo gesto crítico, tampoco ayuda.
Como sea, contiene ideas interesantes. La más, en mi opinión, es la de las ambigüedades morales en la relación entre las figuras del paciente-sujeto de investigación/médico-investigador.