"Todos mienten" es una novela sobre una generación desencantada, obligada a vivir en un presente inestable, en frontera con un futuro que no pinta nada bien. "Una vida provisional [...]. Nunca sabes lo que va a pasar. Vives al día. A lo mejor te resulta un planteamiento frívolo pero el futuro no nos interesa", pág. 109-10.
Todo es dudoso en una sociedad donde importan las apariencias, dar el pelotazo y amasar dinero, y tratar de disfrutar del presente, aunque luego uno se dé cuenta de que nada de eso importa (ojo, Puértolas no se pone en plan Coelho). "Yo no era capaz de dictaminar si [...] era ella quien [...] descubría, repentinamente, que no hay nada que llene la vida", pág. 181.
Este es un relato sin principio ni fin, en el sentido de que podría haber tenido otro comienzo y otro final, lo que acentúa ese carácter inestable y dudoso de la experiencia vital.
Por último, me gustaría destacar el no final que antes he mencionado. La autora hace toda una declaración de intenciones en la pág. 158, cuando a la madre del narrador le hace decir: "Los finales nunca son felices. Quedan cerradas demasiadas cosas. Cuando llego al final de una novela, me gusta dejarla un poco. Y el último párrafo es siempre malo. No hay buen final".