Naturalmente, no hay que confiar en todo lo que se lee en este libro, pues Aylwin fue protagonista directo de aquella época que ahora parece tan extraña, la de la Unidad Popular, y es obvio que él habrá querido dejar su visión sobre el periodo. Pero, por sobre eso, hay cosas claras: respetaba a Allende, como lo respetaban la mayoría de los políticos de la época, pero no respetaba ni al PS ni al PC, por marxistas, y este último es el eje del libro: Aylwin pinta sus decisiones de la época como una constante lucha contra la instauración de una dictadura del proletariado marxista-leninista, una dictadura que Allende siempre rechazó pero que el PS y el MIR (como Aylwin recuerda en todo momento), parecían desear. Otra cosa que queda clara es que no sentía mucho afecto por Prats: le reconoce su republicanismo, pero juzga que fue demasiado débil y se dejó usar por Allende. Se cuentan muchos detalles legales que Allende habría violado, y se denuncia el uso de armas de los partidarios de la UP. Lanza Aylwin, además, una muy velada crítica a Frei Montalva, por su intransigencia, crítica que podría haber sido más dura. Nunca dice que deseara el golpe, pero sí da a entender que el país no tenía salida y que constantemente militares se le acercaban para pedirle que se uniera al golpe. Al final concluye que Allende nunca pudo decidirse entre seguir lo que le decía el PS o salvar la democracia, y eso, cree, condenó al país.