Únase a una mesa divertida para formar parte de anécdotas y reflexiones disparatadas sobre la cotidianidad del venezolano. Donde se le pide a Valentina Quintero que saque una guía más pequeña para esos momentos en los cuales a uno le provoca salir corriendo; a Lila Morillo que revele quién le corta su pollina y a los sifrinos que se sinceren con su lado niche. Una sobremesa llena de risas y reflexiones con cuentos como Eparquio Se Libera de los Hitlers, La Isla de la Totona y Disney y las Mujeres Que No lo Entendieron.
Un libro de un venezolano para los venezolanos. Lleno de mucho humor y cotidianidad. Me impresiona como Toto viene conoce la generación de 80 años, pero sabe escribir como la de 30.
Preciso, pude imaginarme cada escena, es muy claro dando contexto pero sin ser exageradamente largo.
Muy divertido este libro. Me rei mucho, reflexione sobre el ser una sifrina caraquena (aunque no me guste, según este libro lo soy. Esto lo dejaremos para el debate del Club).
“Ten todo lo que sea gratis. Las mejores cosas en la vida no cuestan dinero, y el problema es que pensamos lo contrario”
“Pienso que los que dicen que son apolíticos deberían ser fusilados”. De acuerdo.
Me fascino el capituló “una mujer que le de frío a mis manos” y mi segundo favorito fue “al oír el tono”
“¿Por que será que cuando uno se siente malísimo, lo único que quiere es que le traigan a su mama?” Si, si y si. Quiero ser auntie Claire cuando sea tía.
Estuvo rico leerlo, recordar, revivir, reírme sobre el come mierdismo de los apellidos venezolanos, y sobretodo, apoyar a un venezolano.
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Qué bonito reírse. Qué bonito ser venezolana. Y totalmente de acuerdo contigo Toto, “El otro premio se lo deberían dar al señor que crió a las guacamayas y las dejó volar por Caracas.”
Un libro que fue publicado en el 2010 entonces hoy apela demasiado nostalgia venezolana (sí, no sólo caraqueña, ni sólo para los sifrinos), porque, por ejemplo, ya no existe CADIVI pero jamás olvidaremos esos tiempos.
Este libro nos muestra lo únicos y especiales que somos. Imagínate vivir en Suiza y perderte de todos esos cuentos que son demasiado nuestros.
oh, qué de pinga es ser venezolano. me devoré este libro en un momentico -mentira- estaba haciendo la cola para renovar mi pasaporte en el saime y, ya sabes, el servicio público es un morrocoy. lo curioso es que estaba allí con todos mis papeles pensando en el lugar de escape al cual iría con mi pasaporte renovado, nuevecito, y en mi bolso estaba este libro que me invitaba a "vacilarme" los tragos amargos de Venezuela. y es que con todo lo que estamos viviendo, que un libro te recuerde entre risas que las hermosas misses, los grandes paisajes, las deliciosas playas y que el peluquero especial para la pollina de lila morillo solo se encuentran en este país, vale la pena quedarse. toma este libro, leelo en la mesa, en el baño, leelo frente a todos, ríete de él, ríete de don totín, ríete y si mientras lo haces piensas "sí es verdad", entonces lo estás haciendo bien.
Siguiendo el dialecto venezolano: este libro de cuentos es chalequeo puro sobre las cotidianidades del venezolano y su cultura. En resumen, sobre la venezolanidad. También conseguimos algunos relatos que más bien buscan motivarnos dentro del contexto de nuestra crisis política y económica; no de aceptar sin más lo que tenemos, sino repensarlo, salir adelante, y disfrutar lo bueno que tenemos en esta vida mientras logramos que ocurra un cambio. Es una invitación a reírnos de nosotros mismos, de a veces no tomarnos todo tan en serio, y de disfrutar de nuestra idiosincrasia que es bastante particular. Una visión de la Venezuela contemporánea con muchas referencias populares.
Toto es fantástico. Escribe espectacular. Te hace parte de los cuentos sin darte cuenta. Este libro es una sabrosura. Te hace llorar, reír, identificarte, sentir lástima y poner los pies en tierra.
No hay que tomarse todo tan en serio. De vez en cuando vale la pena reír : de los demás, de uno mismo, de lo que pasa a nuestro alrededor . Traspasar eso al papel, no es algo tan fácil. Toto lo hace muy bien. Así que tírese en su cama, meta el celular debajo de la almohada y disfrute esta sobremesa
Es una celebración a la venezolanidad, son cuentos de cosas que nos podrían pasar a nosotros pero contados de forma jocosa. Sobretodo los caraqueños los disfrutarán.
Las partes graciosas no me parecieron graciosas porque los caraqueños solo saben ser malandros o sifrinos insoportables. Pero todo lo demás está muy lindo y realmente me gustó
Sopa de Pollo para el Alma, versión venezolana. Nunca había apreciado tan activamente nuestras idiosincrasias como lo hice mientras leía esta excelente obra de Don Totín. Para reír, para reflexionar, para compartir, y para volver a enamorarse de este pedacito de tierra y toda su gente. Definitivamente lectura obligatoria para cualquier venezolano.