Releo las entradas que hablan de Lamborghini, de Tadeys, de Bolaño en su Entre paréntesis; y caigo en cuenta que hay paralelismos entre la lectura del chileno y la mía; aunque, claro, salvando la distancia entre toda su exposición sobre las “derivas de la pesada”, es decir las tres líneas post-Borges que hay en la literatura argentina, y que Bolaño marca inician con Soriano, Artl y Lamborghini.
Adjetivos como “bestia”, “crueldad”, “dureza”; frases como “libros que inspiran miedo. Miedo de verdad”, “No existe novela más cruel”; fueron con toda seguridad, los detonantes para que me diera obsesivamente a la tarea infructuosa de buscar algo de Lamborghini.
Hoy, muchos años después de haber leído Entre paréntesis, por fin termino de leerle algo al Lamborghini, y puedo decir con gusto que celebro que la industria editorial sea lo que es. Una industria. Festejo que se afane en publicar bodrios y enaltecer vacas sagradas y demás pedos insulsos. Qué bueno que Lamborghini quede fuera de todo eso. Que siga siendo esa cajita de cartón en el sótano de la literatura argentina, de la literatura en español de todos los tiempos.
A este tipo de obras hay que entrarles sin saber nada, sin estar preparados, ignorándolo todo, o al menos fingiendo que no se sabe absolutamente nada, para dejar que te aplaste sin fricciones.
Tadeys es una obra monumental a años luz de todo lo que se haya escrito antes, y quizá de lo que se vaya a escribir en el largo plazo; Tadeys no busca provocar, aunque lo hace, no pretende ser casi ilegible, aunque hay momentos en los que me era imposible seguir leyendo, releyendo las páginas, fingiendo que había comprendido algo, leyendo en voz alta para captar la trama, sus vericuetos, sus amaneramientos: su solidez en cada pinche oración chingona de la novela.
Tadeys va de la traducción, de esa búsqueda de interpretar lo otro a nuestro idioma, a nuestra lengua; de traducir lo que creímos o nos inventamos haber vivido en la infancia; del poder de la imaginación del hombre en la literatura.
Sí, hay vísceras y sangre y sordidez como no recuerdo haber leído, vaya, ni en un Marqués de Sade, pues; hay fuegos artificiales, pero, que eso no nos confunda, eso no es el asunto en esta obra de Osvaldo, no. Ello está ahí porque no podría ser de otro modo, el universo que crea Lamborghini es uno en el que lo que nosotros entendemos por Papa, en tadeys significa algo aberrante… y termina siendo crítico en esto: ¿qué si nuestras instituciones? ¿nuestro humanismo tan sobrevalorado termina siendo nada más que una aberración?
Sí, habla directamente de la Iglesia católica, del cristianismo, sí, pero, podemos tomarlo todo como símil de la establecido, del status quo, de lo institucional, de las convenciones sociales, y partir de ahí para leer una gran obra sobre lo lejos que estamos de llegar a verdades últimas, y creo que aquí es donde Lamborghini termina siendo un visionario, un profeta: se adelanta no solo a cuestiones formales en la literatura, a lo hiperbólico posmoderno ni a las notas a pie de página con sus subnotas, también “propone” una estructura dislocada y bestial de cómo construir una novela, para terminar estableciendo que después de la novela, nada, que lo último es escribir novelas, y punto.
Además, está la cuestión del estilo, que encima viene a suponer, al menos para mí, un quebradero de cabeza, exige, exige del lector concentración, algo de valor, algo de indiferencia, parecido a lo que terminan desarrollando los estudiantes de medicina, o los psicólogos, o los abogados, un distanciamiento con sus pacientes o clientes, puesto que el sentirse vinculado emocionalmente puede llevarlos a perder la perspectiva necesaria para resolver el problema, o para verlo, para diagnosticar.
Lamborghini hace de alguna manera eso: un diagnóstico de la situación de la literatura y parece señalarla como enferma, pero no terminal, solo enferma a tal grado, tan ensimismada, tan en su lugar confortable del cual no quiere salir, no busca correr riesgos, o mejor dicho, no quiere arriesgar “de más”.
Sigamos sin leerlo, y perdidos en las páginas de la siguiente saga boba que esté en la mesa de novedades de las cadenas de librerías. Sigamos.