Hija de nadie novela premio casa de las americas 2022.segun su autor,“La novela combina elementos de género.Es una especie de western-gaucho distópico, y tiene lugar después de una serie de terremotos que acabaron con la civilización. Como un espejo deformado de la historia argentina, se repite la idea de la centralidad porteña en una ciudad hipermecanizada que creció sobre sus ruinas y el destino miserable del gaucho en el territorio salvaje que la circunda, como si la historia fuera cíclica”. En ese mundo que presenta “Hija de nadie”, un contrabandista escolta a una mujer y a una adolescente muda a través de la Pampa Larga, mientras escapan de dos bandos enfrentados, para ponerla a salvo más allá de la muralla que los separa de las Tierras Patagónicas. “Es ágil, es cruda, trata de ser entretenida y, según algunos colegas que iban leyendo los borradores, parece que lo logra -agrega el flamante ganador-. Es una novela bastante distinta de lo que venía haciendo, que intenta preservar elementos de estilo y forma que aparecieron en mis obras anteriores pero que por momentos se acerca a la novela de aventuras y se mueve en ese equilibrio entre géneros” su autor.Javier Ernesto Núñez es un escritor argentino. Nació en Rosario (Argentina) el 27 de mayo de 1976..Durante finales de la década de 1990 colaboró con la revista rosarina Ciudad Gótica como narrador e ilustrador. Posteriormente publicó cuentos breves en otras revistas literarias del país y el exterior, como la revista Oliverio, Axolotl y No Retornable (Buenos Aires) y Letralia (Venezuela). En el año 2011 fue uno de los diez finalistas del Premio Emecé de novela, cuyo jurado estaba conformado por Claudia Piñeiro, Leopoldo Brizuela y Pedro Mairal. En 2012, su novela La doble ausencia, fue ganadora del Premio Latinoamericano a Primera Novela “Sergio Galindo”, convocado por la editorial de la Universidad Veracruzana
Nací en Zaragoza, en invierno de 1980. En la adolescencia me aficioné a la lectura y, años más tarde, empecé a escribir mis propias historias. Recuerdo que "Misery", de Stephen King, me marcó durante el aburrido verano de 1993, quizá 1994. No tengo manías acerca de dónde y cuándo escribir pero, si tengo que elegir, prefiero hacerlo en el despacho de mi casa, temprano, cuando la mayoría de la gente todavía duerme. Escribir es una parte muy importante de mí. No me veo sin hacerlo con asiduidad. Sería como si… ¿me quitaran un riñón? No exactamente. Se puede vivir con un único riñón. Más bien es como si quitaran el hígado o los pulmones. O la cordura.
Me encantan las novelas que mezclan dos o más géneros. Aquí tenemos un western post apocalíptico al que seguramente le debe mucho a La carretera de McCarthy. Tenemos un mundo que ha pasado catástrofes y guerras, no se sabe mucho del pasado. En un territorio que antes fue Argentina, hay zonas que aún tienen cierto orden, fuera hay clanes violentos, bandidos y un lugar mítico.
De entrada nos muestran a una mujer que huye con su hija, ambas mudas. Yara es la única que sobrevive, pero a partir de ahí es que debe estar en constante movimiento. Por ello le encargan a Solo Camacho, un contrabandista, que la lleve a un sitio seguro. Lo que empieza como un encargo meramente económico, se transforma en un vínculo que le da esperanza a quienes rodean a Yara.
Es un viaje en un mundo deshecho pero que ha recuperado cierta magia. El recorrido está lleno de aventuras, de constante acción. La gran virtud de esta novela es que tiene un ritmo vertiginoso, como debe ser el western, pero también tiene sus momentos de contemplación y belleza. También se explica el contexto de esta sociedad futura de forma que no perjudique a la narración o el desarrollo de los personajes.
Quedo convencido de que en América Latina también se puede escribir de sociedades futuras extraordiariamente.