Monsieur Ladmiral, ein erfolgreicher, wenn auch konventioneller Maler, hat sich außerhalb von Paris niedergelassen, wo ihn - wie jeden Sonntag - der Sohn Gonzague mit seiner Familie besucht. Man isst, man spaziert, alles ist wie immer, bis Irène, die Tochter, auftaucht. Während Gonzague ein eher langweiliges bürgerliches Leben führt, geht Irène undurchschaubaren, doch umso lukrativeren Geschäften nach und lässt sich von niemand in die Karten ihres (Liebes-)Lebens blicken.
Der Familiensonntag wird in Pierre Bosts kleinem Roman zu einem Panorama der Gefühle, wie sie in Familien nicht nur kurz vor Ausbruch des Ersten Weltkrieges unter der Oberfläche brodeln. Rivalität unter Geschwistern, Eifersucht und die Angst vor dem Tod des Vaters treten zutage - nur die Mitglieder der Familie würden sich dies nie eingestehen.
Pierre Bost (5 September 1901, Lasalle, Gard – 6 December 1975, Paris) was a French screenwriter, novelist, and journalist. Primarily a novelist until the 1940s, he was known mainly as a screenwriter after 1945, often collaborating with Jean Aurenche. The journalist Jacques-Laurent Bost was Pierre Bost's brother.
Monsieur Ladmiral va bientôt mourir de Pierre Bost escrita en 1945, la cual conocía por su hermosa versión cinematográfica: Un dimanche à la campagne de Bertrand Tavernier realizada en 1984.
Retrato de familia con sus luces y sombras. Monsieur Ladmiral es un anciano pintor de renombre ya retirado que ha abandonado París y su ajetreo por la apacible campiña de Saint-Ange-des-Bois. Este recibe cada domingo a su fiel y cariñoso hijo Gonzague, junto a su esposa e hijos. Todo transcurre tranquilo y melancólico como cada domingo hasta que irrumpe sorpresivamente Irène, la otra hija y la antítesis del fiel Gonzague; esta es hermosa, independiente y superficial; la joven es una ráfaga de viento e indolencia. Rompe todas las reglas de su apacible época. Sin embargo el señor Ladmiral solo tiene ojos y corazón para Irène y en su fuero interno desprecia a su hijo. El señor Ladmiral solo valora las esporádicas visitas de su hija.
De una crudeza y realismo bellamente expresado. Esta nouvelle es una pequeña joya.
Deliciosa novela corta, de la que solo conocía la versión cinematográfica de Tavernier, igualmente maravillosa. El retrato familiar que es a ratos entrañable, pero casi siempre despiadado, tiene lugar en las afueras de París durante un domingo igual a otros muchos del pasado y de los que vendrán. La institución familiar, sus convenciones burguesas, quedan en entredicho gracias a la visita de la hermana menor, autónoma y rebelde, que parece anunciar un mundo por llegar.
Me ha gustado mucho compartir la intimidad en la que, un domingo de estío, se reune la familia de un viejo pintor, a principios del s. XX, en su casa de Saint-Ange-des-Bois. Lleno de amor, humor, soterradas desavenencias, de pequeños y grandes resentimientos, de claudicaciones, de autoengaños, de filias y fobias. Y aunque el señor Ladmiral es un cascarrabias de ideas y costumbres desfasadas, es imposible no cogerle afecto, también a su conformista hijo Gonzague-Édouard (y familia), a veces afectuoso a veces rencoroso, ni dejarte enamorar por la fuerza con que lucha su hija Irène por su independencia en una familia y un mundo aún contrarios a que las mujeres lo sean, personificando los cambios sociales que a su hermano y su padre les cuesta aceptar. Un precioso libro que se hace sentir con la misma calidez que ese día de verano en familia. Lleno de interesantes reflexiones sobre la vida que son siempre vigentes . "A los hijos les cuesta tanto aceptar aquello que les fastidia de sus padres que nunca entienden que los padres deben hacer un esfuerzo aún mayor." . "Gonzague es como todas las personas escrupulosas, bien casadas, virtuosas, que cumplen, incluso de buen grado, numerosos deberes: a quienes han sabido evitar las cadenas no les reprochan que hayan sabido liberarse; pero no quieren que, para colmo, sean felices. Qué fácil sería. Y si la libertad es fácil, entonces todo se desmorona.
. Estoy deseando ver la adaptación cinematográfica que hizo Bertrand Tavernier en 1984.
Domingo en el campo es una novela corta publicada en 1954 que, a pesar de la época en la que fue escrita, retrata una realidad de antes y ahora, un domingo en familia.
Ladmiral, el protagonista de esta novela de Pierre Bost, es un pintor retirado algo cascarrabias pero al que resulta imposible no coger cariño. Cada domingo, también este, recibe en su casa de campo a su hijo Gonzague, la mujer de éste y sus tres hijos. Una rutina que provoca en unos y otros una seria de emociones no dichas, no compartidas, pero importantes.
A medida que Ladmiral envejece la estación de tren a la que va a recoger a su hijo está más lejos. El paseo a casa cada vez resulta más tedioso, pero no es lo único. El conformismo de su hijo no le gusta, le agota, a pesar de que este le colma de atenciones moviéndose entre el afecto y el rencor hacia su padre.
"Gonzague es como todas las personas escrupulosas, bien casadas, virtuosas, que cumplen, incluso de buen grado, numerosos deberes: a quienes han sabido evitar las cadenas no les reprochan que hayan sabido liberarse; pero no quieren que, para colmo, sean felices. Qué fácil sería. Y si la libertad es fácil, entonces todo se desmorona."
Así la rutina del domingo transcurre sin que suceda aparentemente nada reseñable pero regalándonos un preciso retrato de las relaciones de esta familia. Solo un hecho rompe la rutina del domingo y hace que no sea un domingo más, la visita de Irene, la hija menor de Ladmiral, una mujer independiente, un huracán.
No cuento mucho más porque la novela es cortita y deseo que descubráis esas dinámicas familiares vosotros mismos. Unas dinámicas de ayer y de hoy que hacen de esta novela aparentemente sencilla una lectura de lo mas placentera.
Relata un día de visita al abuelo, un día rutinario pero con alguna sorpresa. Muestra una realidad por la que muchos vamos a pasar. Está muy bien y se lee en una tarde.
Pierre Bost (1901-1975) erzählt gutgelaunt-ironisch von einem sonntäglichen Familientreffen. Im Mittelpunkt des kurzen Romans steht der 75-jährige Vater, einst ein angesehener, wenn auch konventioneller Maler, der seinen Lebensabend auf einem Landsitz nahe Paris verbringt. Jeden Sonntag bekommt er Besuch von seinem Sohn und dessen Ehefrau und den drei Kindern. Der von Mittelmaß und Harmoniebedürfnis geprägte Sohn versucht in allen Belangen mögliche Konflikte mit patriarchalisch-egozentrischen Vater zu vermeiden, nur es ist wie so häufig in einer Familie: man kann es dem anderen nie recht machen. Alle Unterwürfigkeit und alles scheinbare Einverständis führen doch letztlich nur zu einer Umkehrung des Generationenkonfliktes und der Vater wirft dem Sohn, der ihn getreulich kopiert, veraltete Vorstellungen vor. "Diese andauernde Zustimmung störte ihn", bringt Bost das Verhältnis der beiden auf den Punkt.
Wortwörtlich aus dem (Mittags)Schlaf gerissen wird die Sonntagsgesellschaft von der unangemeldet wie ein Wirbelwind in die erstarrte Idylle hereinbrechenden Tochter. Ganz im Gegensatz zu ihrem Bruder ist sie unangepasst, führt ein selbstbestimmtes Leben und ist mit Abstand das vitalste Familienmitglied. Und es gilt die alte Regel: wer sich rar macht, ist besonders gern gesehen und geachtet.
Besondere Sympathie scheint Bost seinem Personal nicht entgegen zu bringen, mit ironischer Distanz beschreibt er eine Familie, die im Mittelmaß zu ersticken droht. Doch Mitleid will sich beim Lesen nicht einstellen, eher möchte man vor allem Sohnemann am Kragen packen, durchschütteln oder gar auf die erkenntnisfördernde Kraft einer Ohrfeige setzen und ihn auffordern, endlich sein eigenes Leben zu führen. Bost schildert die familiären Mechanismen ironisch-humorvoll und treffend, und wer mag, kann den Kurzroman auch als Metapher auf den Künstler lesen, der scheitert, wenn er den Konvenetionen verhaftet bleibt und nicht seinen eigenen Weg geht.
Un Dimanche a la Campagne aka A Sunday in the Country, based on the book by Pierre Bost 8 out of 10
This beautiful motion picture has been nominated in 1985 for Best Foreign Language Film at both the Golden Globes and the BAFTAs.
More importantly, since this is the more relevant cinematic gathering, A Sunday in the Country has won the Best Director prize and was nominated for the most prestigious
Palme d'Or in 1984
Monsieur Ladmiral is an old painter, who has met in his glory days all the important impressionist painters
Monet, Renoir, Manet and the other geniuses
At one point Monsieur Ladmiral has hoped to be one of the celebrated, famous elite. Notwithstanding, he is a very good artist and his works are a pleasure to see.
He now lives alone a la Campagne, in the Country. A long time servant, more of a companion now, Mercedes, helps him with the cleaning, cooking and the upkeep of the rather large house, more like a mansion, that he has.
Un Dimanche, his son, Gonzague visits with his family, his spouse and children. They come once in a while, but not as often as the old painter would like.
The boys are boisterous and somehow, their sister finds herself trapped on a branch, high up in a tree. The daughter of the host arrives, rather unexpectedly.
Irene is a very vocal, agitated, restless, probably unfulfilled, single woman, who came driving one of the early cars. In order to start it, one has to get in front and push around a sort of lever. A Sunday in the Country has a divine atmosphere, a glorious charm that is given not so much by the plot, since there is not much "happening", but by a certain feeling, a presence in the air.
Un Dimanche a la Campagne is a spectacular, excellent motion picture.
Si buscas una lectura corta, ágil, entretenida y con un toque de humor -aunque encierre una crítica familiar y una moraleja-, esta es mi recomendación para estos últimos días de verano.
En ‘Un domingo en el campo’, la historia transcurre en un solo día, -un domingo de verano-, el día de la semana escogido para la reunión familiar. Para el señor Ladmiral, un pintor viudo y solitario afincado en la campiña francesa con la única compañía de su asistenta, el domingo se convierte en su día favorita de la semana, pues es cuando recibe la visita de su hijo, su nuvera y sus revoltosos nietos, aunque no siempre la de su hija Irène, -su preferida-, una joven alocada que nada tiene que ver con su aburrido hermano y quien se prodiga por la casa paterna con menor asiduidad.
Los domingos, -en especial el narrado en la historia-, le sirven al señor Ladmiral no solo para sentirse acompañado en su solitaria vida, sino también para analizar a su familia, en especial a su hijo, a quien siempre ha tenido en menor estima que a su hija, y al que ha visto como un hombre apocado, aburrido, carente de talento y del don para las artes, casado con una mujer que nunca le ha caído especialmente bien y rodeado de tres niños ruidosos y pesados; a pesar de ser el único de los dos hermanos que no falla a su cita dominical. En el lado opuesto, Irène, -su hija favorita-, alocada, divertida, habladora, emprendedora y con cierto talento para las artes, pero quien solo visita a su padre una vez al mes.
Una lectura corta y con humor que nos hacer replantearnos muchas cuestiones: la soledad, los cuidados en la vejez, la necesidad de visita y compañía, y también las desigualdades entre los miembros de una misma familia.
Novela corta en la que la escasa acción (un anciano pintor de cierto renombre que recibe la visita dominical de su hijo, su nuera y sus nietos, e inesperadamente también la de su hija soltera) pasa a un segundo plano frente a los pensamientos y actitudes de cada uno de los protagonistas. La psicología de cada personaje es descrita con precisión y habilidad por Pierre Bost, que convierte la obra en una exposición de personalidades. La contraportada habla de una mediocre vida familiar burgués del hijo frente a la libertad y expresiva alegría de la hija, pero al terminar la historia no me parece que las cosas sean tan claras. El lector tiene la última palabra. Finalmente, comentar que las reflexiones sobre el arte y la vejez que acompañan al discurso hacen la novela aún más interesante.
Comida de domingo en familia en una casita de campo con un bonito jardín, su cenador, árboles frutales.... Qué puede salir mal? Pues lo que pasa a veces cuando se juntan las familias: reproches, envidias, miserias varias.... Una agradable lectura perfecta para una tarde de verano.
"Los colores del cielo eran encantadores, perla y granate claro, con una franja verde almendra, tersa, recta, como trazada con tiralíneas. Nadie se atrevería a pintarla."
Es una interesante novela corta, que leída después de ver la película de Bertrand Tavernier, sabe a poco. La verdad es tiene un regustillo a Proust, bien los paseos por esos caminos bien por los diálogos interiores. Interesante el punto de vista de los integrantes de la familia y del hijo que siempre quiere complacer al padre, y como no, las relaciones del padre con la hija. La criada, los niños, un conjunto muy proustiano... un libro pequeño que dice mucho.
Es un libro corto muy hermoso, de una lectura muy ligera y sutil. Retrata la vida familiar de un domingo cualquiera cuando los hijos y nietos van a visitar a su padre y en los que afloran los sentimientos y emociones.
El amor no siempre es justo, con dificultad logra ser recíproco. Se encapricha de quien menos recibe, se hastía del persistente, del fiel. Un libro para nada superficial, profundo en describir lo que padres e hijos llaman amor.
Ein sprachlich wunderbares Buch über einen Familiensonntag, der etwas aus dem Ruder läuft. Klug geschrieben und in der Ausgabe vom Dörlemann ein wahres Vergnügen. Note: 2