CHIKIAR BAUER, I. «Virginia Woolf. La vida por escrito». Taurus, Barcelona, 2015.
La protagonista de este ensayo fue una escritora con una personalidad enigmática que sigue cautivando a lectores y escritores, y convocando a especialistas. Figura fundamental de la literatura del siglo XX, Virginia Woolf decidió acceder a la educación superior —reservada a los varones de clase alta— y cultivarse por cuenta propia cuando su época y posición le permitían dedicarse a dar paseos y ocupar un lugar perfectamente distanciado de la cultura y los saberes; se acercó a las sufragistas (p. 249), mantuvo amistad y relaciones con diversos intelectuales, aprendió a mirar, a conocer y a valorar aspectos del mundo que antes despreciaba —incluyendo el rechazo que sentía por sí misma—. Los comentarios discriminatorios vertidos por la escritora británica en algunos pasajes de la obra se refieren a los diarios de los primeros años —primera parte (Cap. I-VI) y primeros capítulos de la segunda parte (Cap. VII-XIX)— y son testimonio de la clase social a la que pertenecía y de la educación recibida.
Irene Chikiar Bauer revisa minuciosamente los diarios y la correspondencia de la autora británica que llegó a escribir siete cartas diarias, desvelando no pocas facetas de su vida. Por ejemplo, sorprende el lado social y comunicativo de una escritora que siempre se nos ha presentado como una persona introspectiva y replegada en sí misma.
En la segunda parte del libro, que deja atrás ya la polémica suscitada por los comentarios discriminatorios de la escritora británica (Cap. XX-XLIV), hallamos una tendencia a la autocrítica, una mayor regularidad a la hora de escribir sus diarios íntimos y una creciente propensión a escribir artículos periodísticos. Uno de los aspectos más sobresalientes del libro es la inteligencia con que Irene Chikiar Bauer va enlazando la biografía de Virginia Woolf con su concepción del lenguaje y la literatura, con sus novelas y ensayos. Se observa el proceso de evolución de una escritora y una mujer vital. La extrañeza de Virginia Woolf se relaciona con el imperativo de ser una mujer, pero escribir como un hombre: Un cuarto propio (p. 601). La consigna de huir del imaginario victoriano del «Ángel del hogar» y la conveniencia de alejarse de todo lo que pudiera convertir la escritura en un sensiblero de emociones.
Aparte de las numerosas menciones a escritores y personalidades del panorama intelectual de la época, Virginia Woolf habla en sus diarios de la guerra, relatando diversos aspectos de la misma: el nazismo, el racionamiento, la falta de combustible, la percepción de que no hay futuro, las dificultades para escribir, el miedo a la locura… Entonces se suceden episodios de crisis que van de la cordura a la locura en el transcurso de sus novelas. Y llega la nostalgia, la despedida de las cosas hermosas y un viernes, 26 años después de dar a conocer su mundo literario en Fin de viaje, Virginia Woolf se despide y dice adiós. Era el año 1941.