La literatura sobre la violencia exige largas épocas de decantacion hasta terminar en obras maestras; a la guerra civil española le llego su Hemingway; a la primera violencia de las bananeras le llego su Garcia Marquez; así las grandes tragedias del pais han encontrado sus creadores que las sinteticen para la historia. Mary Daza Orozco ha escrito un libro impresionante para que en el futuro se conozca la extrema crueldad que ha sufrido Colombia: !Los muertos no se cuentan así! El personaje central simboliza una porción cada vez mas grande de mujeres colombianas que ha padecido las atrocidades de una guerra. La autora cumple con la función que debe tener una novela que le apunta a la denuncia: los contrastes de sentimientos humanos, sobre el exterminio de semejantes, esta vez la vigilia en espera de que los muertos bajen por el rió. Otras veces, y por otros motivos, la mortalidad es en cualquier sitio del mapa nacional. Oceana Cayon y su grupo doliente se harán inolvidables para los lectores de esta novela de importante significado histórico. (Jose Salgar, El Espectador, 1991)
la verdad duré mucho leyendo este libro. Estoy pasando por el peor paro lector que haya pasado en mi vida; no tengo ganas de leer absolutamente nada. Así que leí este libro en medio de este bloqueo y sé que si lo hubiera leído fuera de un bloqueo lector hubiera llorado enormemente, es un libro muy fuerte, el cual refleja la violencia que ha vivido la población colombiana a través de todos estos años. El libro me gustó, es lo que puedo decir. No me canso de leer a Mary Daza Orozco, es una de mis escritoras favoritas por su forma de escribir que va cargada con mucho sentimiento. Esta historia va sobre Oceana Cayón la cuál es una mujer que ha sido tocada fuertemente por la violencia y nos cuenta sobre como esta mujer lleva todas estas cosas y todas las aventuras que vive en medio de esta oleada de horror que está viviendo su país, mi país.
Cuando uno piensa en la guerra no se imagina las atrocidades que se pueden llegar a hacer. Se pueden escuchar, incluso se pueden vivir por medido de algún conocido, pero nunca se imaginará lo realmente doloroso y cruel de la guerra. Este libro lo acerca a esas atrocidades, lo lleva a experimentar los sentimientos que produce, a imaginarse un poco (pero tan solo un poco) cómo fueron los años terribles en que un montón de grupos al margen de la ley, algunos en nombre del pueblo otros protegiéndonos de los anteriores, hicieron de la vida el más terrible sufrimiento. Sin embargo, lo que la autora intentará despertar en los lectores de manera casi abrupta, seguramente no será ni la milésima parte del sentimiento real de los protagonistas.
¡Los muertos no se cuentan así! - Mary Daza Orozco Una novela periodística, social y política
Mi madre cursó hasta segundo de primaria cuando era niña. Luego, cuando se pensionó de la Caja Agraria, tuvo la oportunidad de volver al colegio, así que terminó la primaria y continuó con el bachillerato. En 1996, cuando las matanzas paramilitares se tomaron nuestro pueblo, Becerril (Cesar, al norte de Colombia), mi mamá tuvo miedo de ir a la escuela nocturna, así que abandonó sus estudios. Logró terminar el noveno grado. ¡Los muertos no se cuentan así! hizo parte de sus lecturas en la asignatura de Español y Literatura. Cuando regresé de Sogamoso, Boyacá, donde estudiaba Ingeniería en Minas, a pasar unas vacaciones de mitad de año, vi la novela en mi biblioteca y me llamó mucho la atención el título y la portada. Me dijo que ya la había leído, entonces yo quise hacerlo: sería la primera vez que leería algo que ella hubiese leído primero.
Sobre la autora
Mary Daza Orozco es escritora colombiana, de ancestros guajiros. Estudió periodismo en Bogotá y publicó con el sello editorial Plaza & Janes, en 1991, esta —su primera novela—, de la cual te hablaré hoy.
Argumento
Esta obra cuenta la historia de Oceana Cayón, una mujer que, desesperada, va en búsqueda del cadáver de su marido, Iván Grajales. Ella escuchó que los cuerpos sin vida de los desaparecidos de Bahía Rubia bajaban por el río San Jorge. Junto a Cayón están también Heroína Jiménez (que busca a su hijo), Elodia Guzmán y Claudio Guzmán (que desean encontrar a su padre), Silvana Molina (que espera dar con su marido), Adiel Marín (que busca a su hermano) y Arbeláez, que acompaña a Oceana.
Temas y contexto histórico
Los temas que aborda esta obra son complejos y dolorosos, pero giran en torno a los acontecimientos que los causan: la persecución contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano, que tuvo su máximo despliegue a finales de los ochenta y en los años noventa. Acciones atroces como la desaparición forzada, desplazamientos, torturas, masacres, asesinatos de líderes sociales y narcoterrorismo atraviesan toda la narración. Todos ellos, lamentablemente, antiguos y al mismo tiempo actuales en la escena social y política colombiana: «Y, en su desesperación, la gente dice que el mismo Gobierno tiene la culpa y que ha sido incapaz hasta de esclarecer la muerte del candidato de la Nueva Fuerza a la Presidencia de la República».
Voces narrativas
Existen varios narradores en esta historia. Presentaré los que abarcan la mayor parte de ella: El primero, un narrador cuasi omnisciente, que solo cuenta lo que observa y toma distancia de los acontecimientos sin escudriñar en las emociones de los personajes: «Oceana Cayón no lloraba, continuaba en su inevitable actitud de amordazar gritos y de mirar insistentemente el agua que corría con indiferencia». El segundo, desde la perspectiva de la heroína, usando el recurso del monólogo interior. La autora se vale de los recuerdos y pensamientos de Oceana: «El río está más agresivo que ayer y cada rato nos engaña con su eterna costumbre de arrastrar bultos disímiles que nosotros confundimos con cadáveres». En estos monólogos interiores extensos, Cayón mantiene conversaciones mentales con su esposo desaparecido, narrando su secuestro y la travesía para encontrarlo: «Iván, ¿Dónde estás? Me he imaginado todas las pistas posibles que me lleven, en esta carrera vertiginosa, a dar con tu paradero, pero todo parece infructuoso».
Estructura y estilo
Es una novela corta, de no más de 150 páginas, pero con una densidad de acontecimientos y datos históricos encubiertos que da la impresión de ser más extensa. Está dividida en tres partes, con capítulos cortos y espacios entre uno y otro que permiten tomar aire. Te lo advierto: tocará tus fibras más sensibles, debido a la crudeza de sus imágenes: «—Miren, le falta un ojo, no tiene uñas y lo fumigaron con más de catorce balazos —y mientras contaba los huecos de los impactos mortales seguía hablando como un loco en tanto que las lágrimas y la ira hacía presa de él».
Espacio y atmósfera
La historia se desarrolla, en su mayoría, en Bahía Rubia, un pueblo ficticio ubicado en el Golfo del Urabá. El encanto de los paisajes contrasta con el horror que viven los personajes. Muy acertado con la realidad: la biodiversidad de nuestro país resalta frente a la violencia que hemos sufrido por años. «La mañana brillaba en forma desmedida haciendo que el color rubio de la bahía se intensificara. El mar lanzaba envueltos en espuma, pétalos de colores a la playa bronceada». La cotidianidad está envuelta en la violencia que marca la vida de los protagonistas. No hay espacio para la alegría o la tranquilidad: «Bahía Rubia, como de costumbre en los últimos meses, asistió a un entierro. Lo cotidiano. Y no era solo un muerto por causa natural, (…)».
Lectura e interpretación personal
Lo que le pasó a la gente de Bahía Rubia se ha repetido cientos de veces en Colombia. Claro que yo quería hallar los porqués, pero —como en la vida real— las motivaciones de los asesinos no son suficientes para crear tanto horror. La autora deja muchos cabos sueltos. Por ejemplo, se menciona un partido político llamado “La Nueva Fuerza”, que al escarbar en los datos narrativos se identifica como la Unión Patriótica, un partido que nació como parte de un proceso de paz derivado de los Acuerdos de La Uribe entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP. Por ser participante o simpatizante de este partido, la gente era asesinada. En la novela no se explica la ideología de “La Nueva Fuerza” ni las razones de su exterminio. Tal vez este vacío argumental exista porque, en el momento de la publicación, los hechos eran recientes —y aún estaban ocurriendo—, por lo cual resultaba evidente. Un poco más de información sobre las reuniones políticas o los opositores en el poder habría sido esclarecedor, al menos para una lectora como yo. Sin embargo, no puedo pasar por alto que la vida de Mary Daza Orozco estuvo en peligro por escribir esta novela, lo que hace entendible que, por seguridad, haya omitido ciertos detalles.
Conclusión
Leí esta novela por primera vez hace más de veinte años. La he releído unas tres veces más y sigue causando en mí impotencia, asombro y horror. Me devuelve en el tiempo y aviva en mi piel las cicatrices de aquellos años atroces. ¡Los muertos no se cuentan así! es una novela de valioso significado histórico, que recomiendo leer. Es una obra de denuncia y de memoria colectiva.