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222 pages, Paperback
First published January 1, 2001
El obsesivo y polisensorial seguimiento que hace Milagros Socorro de La venus de El Cafetal en su jogging a bulevar travieso,La antología está poblada de silencios significativos, de elipsis, de sombras innombradas, de frases deslumbrantes como fogonazos de dolorosos fragmentos de verdades:
El recorrido por el imaginario poético y urbanístico que nos hace Hannia Gómez en La suburbia colgante,
Las propuestas precisas, concretas y sensatas de William Niño Araque (Ideas breves anteriormente escritas a propósito de la ciudad),
El magistral paisaje nocturno que nos pinta Leonardo Padrón en Diccionario del humo
El cariñoso elogio a los mototaxistas en Vista parrillera de Ana María Carrano que nos atrapa desde su sorpresivo pero muy veraz:El mototaxi es el medio de transporte que más se parece a nuestra ciudad: caprichoso, en el borde de la legalidad y en constante improvisación.La acertadísima conclusión, Miedo, de Héctor Torres, que disecta, a través de un breve pero muy efectivo cuento, el polvorín de miedos en que se ha convertido la ciudad:En Caracas se estaría bien bien, después de todo.
De no ser por el miedo.
El señor en la Avenida Baralt está sitiado. En el plano inmediato por la fealdad del paisaje urbano, y en el plano de fondo por la belleza natural.[...]Un libro que definitivamente obliga a la evocación y a la reflexión a todos los que hemos nacido, crecido, envejecido, vivido o estado de paso por esta confusa, rebelde, cambiante, desmemoriada pero involvidable ciudad.
La naturaleza, víctima de la ciudad, actúa perversamente contrastando con su presencia esplendente la obra torpe del hombre. Su magnificencia nos invalida, nos recuerda que nuestra obra no es digna, que no somos capaces de emularla [...]A la inversa de Buenos Aires donde la naturaleza pertenece al mundo imaginario, en Caracas, sitiada por la naturaleza, es la ciudad la que está ausente. Y la derrota de la naturaleza, su venganza por haber perdido su valle, nos es devuelta en forma de desapego.
Blanca Strepponi, Nuestra naturaleza es mental
Caracas, allí está: vertical y enrevesada, por medio siglo construyéndose en la sombra más allá de toda preocupación funcional, estructural, formal o meramente paisajística.
Hannia Gómez, La suburbia colgante
Caracas es una ciudad atacada por sus habitantes y defendida por su topografía.
Federico Vegas El valle y la trama
En Caracas, todos los trozos de sus paisajes se cruzan en la columna veloz y baldía de su proverbial autopista [...] Tal vez por ello, Caracas es la ciudad del amor y del odio, de la vida. De todos y de nadie, esta ciudad pública tiene el destino desgarrado de unos cuerpos en tránsito que sin pasión la gobiernan.
William Niño Araque, Ideas breves anteriormente escritas a propósito de la ciudad
Cercano a un río absurdo, sólo es admisible con un buen respaldo de los sueños. Círculo de los ruidos, ágora de las máquinas, casa de los demonios, plaza del escándalo, fachada de lo abusivo, mercado de la desfachatez, así, con el lenguaje de los viejos profetas provoca nombrarla, hacer la lista de sus abominaciones.
Adriano González León, Río igual a ciudad
Caracas ha deparado a cada quien ser testigo del fin de su propia era inconclusa. [...] No nos sorprenderá lo que haya de venir porque la sorna caraqueña es clarividente. Caracas es Alfa y Omega de todo lo que hemos emprendido y dejado siempre a medias, llámese Gran Colombia o Helicoide. Tal vez por eso la amamos, torvamente, como quien cultiva un remordimiento.
Ibsen Martínez, Monte y culebras
...el caraqueño promedio vive quejándose de su ciudad, y sin embargo, muy pocos son los que se atreven a condenarla o abandonarla para siempre, y muchos los que se empeñan en encontrar razones para amarla aún em medio de sus violentas contradicciones y de sus grandes incomodidades.
Tulio Hernández, Caracas: odiada, amada, desmemoriada y sensual.
No nos engañemos. La ciudad está sangrando. Se muere cada dos minutos. ¿Pero cómo ser indiferentes a la conversación de ángeles que hay en el fondo de la cañería?
[...]
Y resulta fatigoso condenar el vértigo de las metrópolis. Tantos seres humanos en una misma calle tienen -necesariamente- que llenar de errores a la ciudad. El error somos nosotros, aquí y en la arenilla de los viejos médanos. No culpen a la ciudad, sino a sus latidos, hombres y mujeres dispuestos a odiarse y matarse para ser más felices. Paradoja de mundo.
Leonardo Padrón, Diccionario del humo
Por eso Aníbal y todos los taxistas y todos los caraqueños hacen vida en sus carros y taxis y autobuses. Trasladan sus habitaciones a las cabinas, a las guanteras y a los retrovisores. Beben y se besuquean en los carros. Caracas que es ciudad de paso, que es caucho y concreto. Caracas que es más autopista que plaza, más avenida que banquito. Caracas que es andar y no estar.
Ángel Zambrano, Ella parada, ella caraqueña