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259 pages, Hardcover
First published January 1, 1969
No podía imaginar lo que quería decir Darlbeida cuando hablaba de destruir la patria. ¿Para qué? ¿Es que se puede destruir la patria por razones poéticas? El argelino ponía como ejemplos destructores en España a a Rojas en “La Celestina”, a Cervantes en El Quijote, en Rusia a Gógol, en Inglaterra a Dickens y en Francia a Baudelaire, a Verlaine y a Rimbaud.
Lo mejor del sentido francés de la patria –se decía Ignacio– es que no la identifican con las glorias militares ni con las virtudes del hogar, sino el con el idioma y la literatura.
Hay que ser – se dijo– más fuerte que la felicidad y la desgracia para poder producir (crear) la una o la otra. Hay que ser más fuerte que el amor para jugar con el amor.
Y al amor sólo se le puede superar […] por la experiencia de una serie plenitudes logradas desde fuera, desde el margen. Sin entrar en el juego sucio del amor.
