Este libro está dividido en dos partes: el prólogo y un sermón sobre el infierno, elaborado por Roberto Bellarmino.
El prólogo, si bien empezó bien, terminó divagando sobre la vida y obra de Roberto Bellarmino y Galileo Galilei. Comenzó aquél con una referencia al abandono en el discurso teológico de la iglesia del tema de la Iglesia, para pasar inmediatamente a estudiar cómo bajo el término "infernos" se subsumieron varios "lugares teológicos": el limbo, el seno de Abraham, el infierno stricto sensu y el Sheol. Evidentemente esta confusión permanece y únicamente dejando de lado la doctrina católica y acercándose a la ortodoxa, o cismática griega, es posible desentrañar el galimatías teológico. Considero que el título del libro y la portada nos vendieron un producto engañoso: aquí no se hablará ni de la obra galileana sobre la medición del infierno ni sobre el infierno de Dante, fueron ambas cuestiones tratadas de modo superficial y supongo que para rellenar páginas y para atraer a los incautos.
El sermón de Roberto Bellarmino es aleccionador, pero resulta ya difícil de leerlo sin ruborizarse. La incredulidad ya permea incluso en los más fieles hijos de la Iglesia. En su homilía, el polémico cardenal señaló con múltiples ejemplos y razones, los motivos que llevan a la gente a no creer en el infierno ni a cambiar su conducta. Subrayó sobre todo que el hecho de que hay condenados al infierno porque la injuria hecha al máximo bien es de tal grado que es imperdonable e insuperable. No es fácil seguir por casi veinte páginas un texto lleno de tantas referencias y circunloquios.
Debo celebrar finalmente tanto la edición, por el material utilizado, como por las imágenes. Es una versión muy bonita.