Muy buena novela. Strafacce transita esta vez el mundo del fútbol, la estafa y el crimen. No faltan sus temas típicos -esos que alivian nuestra existencia en la lectura-: la duplicación iterada, la sexualidad desaforada, el fondo anarquista. El resultado es una catarsis dionisíaca, una maravillosa orgía del absurdo. El marco es el habitual, la imbecilidad descomunal de la idiosincrasia argentina contemporánea. El relato se focaliza en unas mellizas, gemelas en realidad, que no dejan frontera sin cruzar. Una manipula a un empresario inescrupuloso -no sabe nada de fútbol ni de negocios-, la otra manipula a un futbolista mediocre -el matungo le dicen-. El empresario logra llevar al futbolista a un club italiano de la camorra. Maneja su pase. El dinero es de la mafia. La maniobra es de lavado. Mientras tanto, las gemelas intercambian roles aprovechando su parecido. Hijas de un bufarrón aficionado a los niñitos, como suele expresarlo Fernando Vallejo -el talentoso escritor y cineasta antioqueño-, las gemelas exploran con desenfado el engaño, la estafa y el incesto. Intercambian identidades, planean y concretan sus movimientos con astucia maquiavélica y eficacia psicopática. Encuentro en esta novela, como en todas las de Strafacce, a un chamán literario. El lector resulta confrontado con una ficción que no se aleja en una primera vuelta de tuerca del mundo en que vive. Sobre todo el lector argentino, también el latinoamericano. En una segunda vuelta de tuerca, Strafacce profundiza las fisuras del absurdo mediante una amplificación barroca. Es en esta vuelta que la sonrisa inicial se vuelve risa. Allí radica ese componente que puede ser entendido como humor en Strafacce. Pero no termina ahí. Una tercera vuelta pulveriza ese mundo, esa ficción llena de dobles, de bajezas, de imbecilidad. Aparece la suspensión de todo lo que el lector tenía por obvio. Los significados que regulan nuestra circulación en la vida social quedan en jaque. Jaque mate. El estado, las leyes, el crimen, la corporalidad, la sexualidad, el dinero, la subjetividad humana, todo se desintegra. Es entonces cuando el chamán logra su propósito, la iluminación del lector. Crímenes Perfectos hace proliferar lo trivial hasta provocar la lucidez. Strafacce radicaliza el absurdo, rompe con todo para guiar al lector a los misterios de Eleusis. En definitiva, esa es la experiencia que vivieron los fundadores del mundo en que vivimos, los pensadores griegos antiguos. Los presocráticos, Sócrates, Platón, Aristóteles, todos pasaron por los rituales iniciáticos de Eleusis. Crímenes Perfectos ofrece una lectura de fuego, en su aparente brutalidad, su trivialidad, sus exageraciones, creo que laten experiencias literarias milagrosas.