Una historia tragicómica e intensa, un testimonio literario entrañable ambientado en el Treinta y Tres de los años 70. El protagonista es Quique, un joven guitarrista que por distintos motivos se involucra en un show miserable, deslumbrado por criaturas como el Trovero y la sensual Viali Amor. Todo ocurre en Treinta y Tres, mientras recrudece el delirio fascista de los 70, mientras se oye música de payadores y de glam rock, en tanto se anuncia el advenimiento de El Monstruo de Londres, La Araña Negra y otras entidades bizarras que habrán de acabar con la dictadura. La prosa del autor viaja del humor negro a la tragedia, de la más profunda amargura al esperpento más chirriante, de los extravagantes versos del Trovero a la admirable escritura de ese gran poeta que es Gustavo Espinosa.
Nació en Treinta y Tres, Uruguay, en 1961. Escritor, poeta, músico. Estudió en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Desde 1986 reside en Treinta y Tres donde es profesor de literatura. Ha publicado el libro de poesía Cólico miserere, Trilce (2009), y las novelas China es un frasco de fetos, H Editores (2001), Carlota Podrida, Casa Editorial HUM (2009), Las arañas de marte Casa Editorial HUM (2011). Ha integrado diversas bandas de rock y blues. Banda actual: Gustavo Espinosa y los pisapapeles. Su obra ha sido premiada, en distintas ocasiones, por la Revista Posdata, por los Fondos Concursables, organizado por el Ministerio de Educación y Cultura y el Premio Nacional de este mismo ministerio por su novela Carlota Podrida. Ha sido premiado con el Bartolomé Hidalgo, en la categoría narrativa, por su novela Las arañas de Marte (2012).
Iba a comenzar diciendo que mi intuición afirma que es la mejor novela uruguaya de las últimas décadas, pero intuyo que iba a ser una muestra de tacañería. Así que mejor dejar el asunto en que quizá sea una de las mejores de la literatura latinoamericana. La historia se centra en las vicisitudes de un puñado de personajes que deambulan en un ambiente pueblerino del interior del Uruguay en épocas de dictadura militar, allá por los setenta. Aquí el primer mérito: las referencias políticas, siendo importantes, no asfixian los derroteros de los personajes. Los condicionan, todo contexto lo hace, pero como telón de fondo, siempre más o menos atisbado. El centro de la escena son esos personajes antiheroicos, pobres y (aparentemente) incultos que habitan el mundo ficcional creado por Espinosa. Resaltados, por contraste, por el mundo de clase media ilustrada del narrador y su entorno en una tensión que estructura toda la historia. La reconstrucción de ese tiempo nos permite, además, asomarnos al desencanto de fines del siglo XX para ver cómo se despliegan temas ya decididamente universales que trascienden el localismo: el paso del tiempo, la suerte de los ideales y las nuevas perspectivas políticas. En fin, una muestra de que solo 170 páginas pueden conformar una gran novela.
Las arañas transcurre en el interior del Uruguay durante la dictadura del 70. El contexto habla solo y va a condicionar el desarrollo de la historia.
Leyendo su libro anterior (Carlota Podrida) vi en Espinosa a un sucesor de Mario Delgado Aparaín tanto por el ambiente del relato como por los personajes delirantes. Debo decir que con este ejemplar, mi razonamiento se anula. Si bien mantiene el tono entre entrañable y bizarro, la prosa va hacia otro lado.
Será que acá hay más amargura? Está presente la dicotomía del raro versus los normales del pueblo y lo marginal versus la cultura hegemónica.
Sigo en mi odisea por autores uruguayos gracias a la influencia de mi novia, y esta vez le tocó a Espinosa. Con un libro que es tanto un relato sobre los horrores de la dictadura, como de la visión del mundo de la juventud, plagada tradición Uruguaya, y con un estilo de estructura narrativa sumamente original. Poético, reflexivo y anecdótico. Un libro que es difícil de soltar cuando lo empezás, aunque me costó agarrarle el cariño que terminé sintiendo por el al terminarlo.
Enrique Segovia, hoy exiliado en Suecia, le cuenta a un amigo de la juventud los eventos que sucedieron durante su último verano en Treinta Tres, Uruguay. Separados no solo en términos geográficos sino también políticos y familiares, los amigos encontraron destinos muy diferentes y hoy, a través de esta suerte de novela epistolar, encuentran un puente. En el verano de 1975, en plena dictadura militar uruguaya, Enrique “Quique” Segovia, de 19 años y militante pacífico del JPD (Jóvenes por la Democracia) gana el concurso Certamen Departamental Treinta y Tres Busca Su Voz. A partir de ahí, comenzará a trabajar como músico y a vincularse con personajes del mundo artístico under: Román Ríos, un viejo poeta y cantante, el petiso Simonetti y Viali Amor, una vedet con quien tendrá un breve e intenso vínculo amoroso. Pero la situación política comienza a complicarse, aparecen las advertencias por comportamiento inapropiado, y los jóvenes desaparecidos crecen en número. «Las arañas de Marte» es una suerte de novela epistolar en constante diálogo con su lector: su amigo escritor y residente en Buenos Aires, y nosotros. La posibilidad de que los hechos sucedidos durante ese verano devengan en una novela lleva al narrador a re-experimentar esos años. Así, nos sumergimos en una historia de amor joven en un contexto tristemente conocido por los latinoamericanos. La prosa es lírica y la voz nostálgica e introspectiva, acompañada por las canciones y los versos gauchescos y «payadorescos» que le dan un tinte muy local, muy familiar. Muy bien escrita.
Las arañas de Marte. A Quique Segovia el verano escandinavo le ha ayudado a vencer las interdicciones que la lástima por el amigo "tullido" se autoimpuso. Cuatro décadas después, le relata la "distopía" que representó el verano 1974/5 en Treinta y tres. Escrita en primera persona, el protagonista era un joven inocente (todo lo inocente que se puede ser a los 19 años en un pueblito del interior), militante contra la dictadura, guitarrero de tinglado y "encajetado" con la gran vedette del circo. Al que la (des)inteligencia militar le tenía vigilado (in)discretamente. Esa es la excusa para que Quique construya una narración en primera persona, que fluctúa entre la decadencia, la tristeza y la ironía. Personajes pintorescos retratados con frescura, situaciones hilarantes y decadentes que enganchan al lector. Una novela que se lee rápido y se disfruta mucho, además, de que te hace pensar en esos pequeños esfuerzos militantes que pasaron desapercibidos por los grandes relatos sobre la época. Humildemente, se las recomiendo.
Ta bueno. Me interesó el contexto en el que se enmarca y la manera de llevarlo, con una voz bien local y de época. La trama no me tuvo tan entusiasmado, pero me dio mucha pena la pobre mujer.
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