Jaime Muñoz Vargas es un escritor mexicano, nacido en Gómez Palacio, Durango, en 1964. Radica en Torreón, Coahuila, desde 1977. Es escritor, maestro, periodista y editor.
Entre sus libros, ha publicado El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia, Pálpito de la sierra tarahumara, El augurio de la lumbre, Tientos y mediciones, Miscelánea de productos textuales, Nómadas contra gángsters (apuntes para subsistir en la barbarie), Las manos del tahúr, Polvo somos, Ojos en la sombra, Leyenda Morgan, Grava suelta, La ruta de los Guerreros (vida, pasión y suerte del Santos Laguna), Filius, Salutación de la luz, Quienes esperan y Guillermo González Camarena, habitante del futuro; algunos de sus microrrelatos fueron incluidos en la antología La otra mirada (Palencia, España, 2005). Ha ganado, entre otros, los premios nacionales de Narrativa Joven (1989), de novela Jorge Ibargüengoitia (2001), de cuento de San Luis Potosí (2005), de narrativa Gerardo Cornejo (2005) y de novela Rafael Ramírez Heredia (2009). En noviembre de 2005, con voto unánime del cabildo, fue designado ciudadano distinguido de Gómez Palacio. El 15 de septiembre de 2009 recibió la medalla Magdalena Mondragón que le otorgó el ayuntamiento de Torreón, Coahuila, por su trayectoria literaria. Escribe y publica muy frecuentemente artículos, ensayos, crónicas, aforismos y microrrelatos en el blog [“Ruta Norte”] [1]. Reseñas y artículos suyos han aparecido en revistas y periódicos de México, España y Argentina. Escribe la columna Ruta Norte para el periódico Milenio Laguna y artículos para la revista Nomádica.
Las manos del tahúr es una colección de 10 cuentos de diversas facturas y calibres, donde los distintos “yoes narrativos” (en general) son periodistas que coquetean con la literatura, oponiéndose a sus destinos como fuerza viva. Hay narraciones que se decantan más por la literatura (textos autorreferenciales, narradores metadiegéticos, inter- y metatextualidad) y otros, en la más fina tradición de Stevenson y Maupassant, se abocan simplemente a contar una historia que bien pudo acaecer en Durango o Coahuila.
Acaso este somero eclecticismo sea una virtud que a algunos pueda parecerles un defecto: “Luces de encierro” es una historia inverosímil que va ganando credibilidad, pero cierra haciendo referencia a sí misma y eso hace que se rompa la burbuja del encanto; “Hans al teléfono” es sencillamente una historia disparatada, pero su manufactura narrativa palidece ante la igualmente imposible “Hacer coca”. En cambio, “Mamá te habla” e “Historia del gorila” son narraciones impecables donde se hace patente no solo la originalidad, sino el talento de su autor.
Finalmente, y no es un detalle que haya que pasar por el alto, aunque sea algo que solo a mí me haya sucedido, hay un par de narraciones “incómodas” (y pueden emplear todas las comillas que deseen a este respecto) que pecan de machistas, clasistas o racistas en algunos pasajes. ¡Claro! Es imposible dilucidar si esto representa la construcción del personaje o se trata de una proyección de su autor. En cualquier caso, Las manos del tahúr es un texto fino, firme en sus aciertos, disimulado en sus detalles más flacos y digno de más y más lectores.
Se ha convertido de mis libros favoritos, me sorprendió mucho que fue escrito hace más de veinte años creo que es más que vigente para el 2024. Buenísimo.
Este es un buen libro de cuentos, me gustaron "Historia del gorila", "Luces de encierro", "Mamá te habla", "Récord con papá". Si todos sus cuentos fueran de la misma calidad sería un librazo, a veces siento que juguetea demasiado con los finales y se le terminan por aflojar. Es un poco repetitivo con el personaje de los periodistas, y con la perorata de escribir o no escribir. Fuera de eso tiene un dialogo ágil y crea situaciones verosímiles en dónde sucede lo inverosímil. Algunas historias son ácidas, otras son tristes, maneja bien la tensión así que uno no se aburre, ni pierde el interés.
Gran libro de cuentos de prosa fina y amena, destaca la capacidad del autor para capturar el habla común, además del reiterado uso de giros metatextuales. Muy recomendable.