Harold Krents nos acerca al mundo de los invidentes en su autobiografía.
Describe lo que supone vivir en la oscuridad desde los ocho años. La gran soledad social que puede rodear a la incapacidad física, más aún siendo un niño. Nos desvela la torpeza de un mundo que no está preparado para las dificultades de otros, y que, incluso, añade más obstáculos a una vida que debe ser tejida con muchos apoyos.
La dependencia puede tornarse como un horizonte horrible cuando se es un ser humano con capacidades intelectuales plenas.
Poseía, eso sí, un gran sentido del humor, que ha conseguido plasmar en este bonito libro.