Ligera, de un día, nada sofisticada ni complicada, se nota que es la primera novela de un hombre cuya principal ocupación no es la escritura. Creo que funciona más bien para exorcizar los problemas que tiene el autor que otra cosa, quizá en ella existe un poco la idealización de la persona que le gustaría llegar a ser. Es casi una certeza que el protagonista esta basado en su persona, me refiero a Juan Ignacio Zavala quien fue asesor durante el sexenio de Felipe Calderón, vocero al final de la campaña de Josefina Vázquez Mota y para rematar hermano de Margarita Zavala, si no la totalidad al menos si hay pinceladas que nos recuerdan a Juan Ignacio no solo por su ocupación y sus conocidos sino la misma personalidad, el Juan Ignacio que vemos en la tele es el mismo Gustavo que leemos.
Obviamente en esta versión novelada Juan Ignacio (o Gustavo) es divorciado y sin hijos, lo segunda consecuencia de lo primero pues pronto nos enteramos que Gustavo es estéril lo cual provoca en un principio un malestar en la relación con su esposa que deriva en una serie de infidelidades por parte de Gustavo. Hay que poner especial atención en esto porque Gustavo es gran player, mientras que a lo largo del libro se esfuerza en decirnos que le va “normal” con las mujeres al narrar sus experiencias y al hacer cuentas caí en cuenta de que Gustavo coge más que la mayoría de los jóvenes de mi edad, y eso que tengo 24 años, que no mame.
Luego llega la tortuosa relación con su papá, como todo político Juan Ignacio tiene daddy issues, lo cual más bien es como una concesión al autor porque la verdad ni profundiza mucho en el tema ni le sacamos gran jugo a las narraciones.
Gustavo termina enamorado de una mujer que da el brinco de secretaria de agricultura a candidata a la presidencia de la república y de ahí da el guamazo a excandidata pues pierde la elección ante una versión legislativa de Enrique Peña Nieto.
Y ahí se acaba, se enamoran y se van de viaje.
Nada fuera de lo extraordinario, una lecturita tranquila y ya.