De no ser por dos entremeses flojitos, le hubiera caído sus cinco entrellas de cajón.
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Aún así, todos son ocurrentes (y algunos, demasiado ocurrentes) y todos muestran el enorme talento que tenía Cervantes para el teatro cómico y popular (ese del chiste grueso, el diálogo callejero, la jerga de baja estofa y la frase de doble sentido).
En la mayoría se respira la afmósfera del Quijote, pero aquí Cervantes se cuida de darle más potencia y espacio al chiste y al ingenio que a la reflexión o a la larga perorata.
Todo ocurre rápido y todo es gracioso. Pero no es chiste forzado. Es chiste que ocurre, chiste que adviene. (Tal vez de aquí sacó Roberto Gómez Bolaños algo de la energía y la jocosidad de su Chavo del Ocho, pues en él, al igual que en los entremeses cervantinos, hay malicia ingenua y no deshonrosa, picardía 'sana' y no tóxica).
Así, a lo largo de las ocho piezas, desfilan personajes de nombres hilarantes (por ejemplo, el Bachiller Pesuña, la vecina Hortigosa, el alcalde Estornudo, Mariana 'la esposa del Vejete', el regidor Castrado o Pancracio el cornudo).
✏Mis favoritos: : «La elección de los alcaldes de Daganzo», «La guarda ciudadosa» y «La cueva de Salamanca».
[Ingeniosos, graciosos y con mucho ritmo y muchas ideas escondidas]
✏Los flojitos: «El rufián viudo llamado Trampagos» y «El viejo celoso»
[Algo monses, sin mucha gracia. Pobres en ingenio, en ideas y en movimiento].
✏El siniestro: «El retablo de las maravillas»
[Hay algo aquí muy moderno, muy de sospecha y desesperación. Un silencio en off, muy parecido al de las obras maduras de Shakespeare]
✏El regular tirando para bueno: «El vizcaíno fingido»
✏El regular tirando para malo: «El juez de los divorcios»
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Léanla como el antecedente directísimo de El Chavo del Ocho. No tiene pierde ✌🏽