Este libro tiene dos partes: una antología de relatos que, por canallismo intelectual, llevan nombres de mujeres; y la obra de teatro La Oreja Izquierda de Van Gogh, que se llevó el premio Marqués de Bradomín (lo cual dice bastante del jurado y del ministerio) y es una de las obras más conocidas del autor. Por suerte no he tenido que quebrarme la cabeza con la nota, ya que ambas son casi igual de pésimas.
La antología tiene el honor de ser una de las peores que me he leído hasta el final, lo cual es también comendable viniendo de una amante de la mala literatura. Desde la primera página del primer relato me sacó la risa floja con sus elecciones absurdas y rimbombantes de vocabulario (y mamá me dijo "ahora, formula un deseo"), el tono edgy de niño mayor con el que los monólogos interiores están escritos y lo ridículas, intrascendentes y patriarcales que son todas las historias. Son auténtico oro y no se distancian mucho de obras maestras de la literatura nanar como Instituto Sonic o The Last Promise (dejando de lado las diferencias de pretensión) y durante un buen rato no fui capaz de parar de reírme con ellas. Por desgracia, tampoco tardaron en venirme las ganas de llorar, ya que no es difícil ver las costuras de la gordofobia, el racismo y, sobre todo, el machismo que lo hila todo. Imagino (o espero) que el autor habrá aprendido algo desde el 86, pero aquí nos pinta como poco menos que objetos sexuales volubles e incomprensibles, sin perder la ocasión de criticar desde la narración a cualquier mujer que se salga de lo normativo. Y como cabría esperar, tiene una visión completamente androcéntrica del sexo que da un poquito de grima.
Es cierto que el autor escribió esto con veintiún años. Yo a los veintiún años escribía mal (y ahora también), pero incluso eliminando mi valoración ética, me parece demencial que le publicasen esto. Supongo que quien tiene padrino se bautiza, y quien dice padrino, dice posibles. La edición también es criminalmente mala, supongo que en una demostración empírica de la tríada platónica de lo bello, lo bueno y la verdad.
La obra de teatro es marginalmente mejor, pero casi que da más rabia considerando que fue su salto a la fama. Según Wikipedia, una de las influencias de Álamo es Samuel Beckett, y no hace falta que me lo escriban en rojo (de hecho está en azul, porque es un hipervínculo). Es una versión erótica extrañísima de Esperando a Godot protagonizada por Van Gogh y Sien Hoornik que, de alguna manera, consigue ser peor que la original. La comparación empeora, ya que mientras que Esperando a Godot es cansina fundamentalmente por el hecho de que se repita dos veces, esto es poco más que un conato muy aburrido del teatro del absurdo carente de contenido y con diálogos malísimos. Me ha costado leerla más que los relatos, a pesar de que el estilo de escritura no es tan abismalmente malo y no tiene tantos comentarios cuestionables. Que se premiara como se premió es inconcebible más allá del mal gusto de la organización, lo cual sí es bastante concebible.
tl;dr No debería ser legal que los hombres cishetero publicasen