El tomo XXIV de las Obras completas de Alfonso Reyes está dedicado a sus Memorias. El lector descubre la veneración del escritor regiomontano por el recuerdo de su padre y el dolor por su trágica muerte. En este tomo se reúnen las evocaciones de Reyes, fragmentos de su vida llenos de vivacidad y encanto. El autor sabía ver el mundo exterior, apresar paisajes, ambientes y situaciones; y tuvo la obsesión de estudiarse a sí mismo, como Montaigne, no para alabarse sino porque este examen honesto y desapasionado resulta ser el campo más propicio para intentar el conocimiento del hombre y de sus pasiones.