¡Boom! El traquido hizo retumbar todo el campamento. El suelo vibró y se oyeron gritos. Saqué la cabeza del saco y vi que todos habían desaparecido, excepto Schweitzer, que como yo había cometido el error de quitarse los pantalones para dormir, confiado por la paz de aquel oasis.
--¡A las trincheras, a las trincheras! ¡Nos atacan!-- gritó alguien desde la puerta de la enfermería, antes de sumirse de nuevo en la oscuridad.
Me enfundé los pantalones y salí corriendo detrás de Schweitzer con los cordones sueltos, el casco puesto, el chaleco antibalas en una mano y la máscara de gas en la otra. Todos corrían en la oscuridad gritando. Traté de ver en qué dirección corrían para localizar las trincheras que no había llegado a ver la tarde antes, pero otra explosión hizo retumbar el suelo...
...Es el testimonio de la experiencia de Mercedes Gallego, corresponsal de El Correo, que atravesó el desierto iraquí con las tropas norteamericanas, y vivió día a día la terrorífica guerra emprendida para derrocar el régimen de Sadam Husein. Una mujer en un mundo de duros guerreros, donde la condición femenina, a pesar de los atroces rigores de la guerra, no pasa inadvertida.
Mercedes Gallego (España, 1970) lleva 14 años como corresponsal en Nueva York del diario El Correo y los periódicos del Grupo Vocento. Fue testigo directo de los atentados contra las Torres Gemelas, la invasión de Irak, el huracán Katrina y el terremoto de Haití, entre otros acontecimientos que han marcado nuestra época.
Previamente fue corresponsal para este mismo medio en México y Centroamérica, donde también trabajó durante dos años para el diario El País, fue columnista del diario Reforma y colaboradora de Telecinco. Allí cubrió el levantamiento de Chiapas, la transición democrática en Nicaragua y el huracán Mitch en Honduras, convivió con la guerrilla en Guatemala y entrevistó al subcomandante Marcos, entre otros hechos clave de esta etapa.
En el libro “Más Allá de la Batalla” narra su experiencia como la única periodista española que acompañó a los marines estadounidenses durante la invasión de Irak de 2003. También es coautora del documental “El enemigo en casa: Violaciones en el Ejército”, premiado con el Remi de Bronce en el Festival de Houston y con el premio al Mejor Documental de Investigación Internacional en el Festival Internacional de Cine y Vídeo Independiente de Nueva York.
Su trayectoria periodísta tampoco está exenta de reconocimientos. En 2003 fue galardonada con el premio a la Mejor Periodista del Año que otorga Intereconomía Radio, así como el premio colectivo Ortega y Gasset. En 2006 recibió el Premio Pluma de la Paz que otorga la organización Mensajeros de la Paz y en 2007 la mención especial del jurado del VI Premio de Periodismo Miguel Gil por representar el “espíritu valiente y comprometido” del fotoperiodista asesinado en Sierra Leona.
Sus análisis políticos, periodísticos y sociales son frecuentemente requeridos por universidades de España y EEUU para ponencias o mesas redondas y es invitada habitual del programa de NY1 Pura Política. Personajes de la talla de Tim Robbins han contado con ella para sus paneles pero su principal ocupación sigue siendo el periodismo de calle.
Este libro es muy especial para mí más allá del tema que trata; la guerra de Irak. La autora, Mercedes Gallego, periodista corresponsal en Nueva York desde hace más de 20 años y una de las mejores amigas de mi madre, fue la primera mujer periodista en cubrir el conflicto desde allí. También estuvo en el hotel donde murieron periodistas como José Couso en el desafortunado ataque estadounidense sobre el hotel. El libro relata las experiencias de Mercedes en Irak y el día a día de un durísimo conflicto que pudo haberse evitado.
Bueno, como libro bien. Se lee fácil, te atrapa, quieres saber más.
Cómo crónica, esperaba algo más de lo que veía y no tanto de lo que sentía pero me he puesto en su piel y reconozco esa postura. También ha habido pasajes que me han conmovido por entero y se nota mucho el cariño con el que habla de José Couso, Julio Anguita Parrado y Jon Sistiaga, incluso Angels Barceló a miles de kilómetros de distancia. He de avisar que se nota mucho su opinión, y que ello marca todo el libro. A mí no me ha incomodado, sin embargo es curioso cómo cuando algún militar hacía algo bien era su nombre particular pero cuando hacía algo mal era el Ejército como institución. No obstante, es innegable la rigidez militar, y más la de la personalidad estadounidense, hace 20 años en la que ser mujer en ese ámbito era muy complicado.
Siempre es necesario leer todos los puntos de vista que conforman una experiencia que marcó la historia hace no tanto.
creo que está muy bien en el sentido de que cumple con su objetivo y de que te hace aprender del conflicto desde otra mirada. aunque también pienso que habría tenido más impacto si se hubieran utilizado las fotografías de los anexos a lo largo del libro, ya que las palabras de mercedes a veces no reflejan la crudeza que sí se ve presente en las imágenes.