Filo es una de las primeras novelas del autor y a mi me pareció perfectamente entretenida y bien escrita, por momentos con elementos de trama absurda. Pero una de las cosas que la vuelven más cercana a mi es ese ambiente de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA "Puan" que fue un ambiente conocido a mis 20 (en mi caso, la facultad de Sociales, prima de "Filo" los hippies de la Academia) Jorge y Marcela son padre e hija inconformes con sus vidas y cada obstáculo lo tomarán como la adrenalina necesaria para salir de esa insatisfacción contra la que se rebelan, encontrarán gente nueva y se reencontrarán con otra del pasado para acabar todos enmarañados. Jorge es despedido de un trabajo que nunca deseó, por otro lado Marcela decide retomar la facultad y ahí se encontrará con un "casi algo", Santiago, quien a su vez también se reencontrará con una ex novia ahora devenida en su profesora. Como no va a gustar una novela donde los diálogos transcurren entre cursado de prácticos y teóricos, la famosa fotocopiadora y los ya legendarios bares como "boquitas pintadas" "Sócrates" y "Platon". Cómo plus, el personaje de Santiago se convierte en crítico literario que odia la literatura argentina regalándonos ironías, palitos y un montón de cosas más que no las cuento para que si leen la novela, las disfruten. Eso si, si no leen la novela igual acá les va un consejo: la gente de Filo está bien para salir a tomar una cerveza y nada más, pero lo que nunca le vamos a poder objetar es que viven una vida común.