La obra relata la vida, las costumbres, los hábitos, el lenguaje, las creencias, adversidades, juegos, sus voces y formas de pensar de los mineros del sur de Chile. En medio de un territorio hostil y de arduo sacrificio, los trabajadores del carbón no perdieron la magia de la vida, como en este libro se puede comprobar.
César Octavio Müller Leiva se consideró a sí mismo un investigador viajero: un hombre que aprendió más de la vida que de los libros. Más conocido como Oreste Plath -particular seudónimo que fusionó el nombre del héroe de la tragedia griega y una marca de una cuchillería alemana- este folclorólogo nacional se dedicó por entero a recopilar las imágenes cotidianas y populares atesoradas en cada rincón de nuestro país.
Su interés por aprehender la cultura del pueblo se originó en los innumerables viajes realizados junto a su padre por Sudamérica cuando era niño. Ya de joven tuvo la oportunidad de recorrer Chile de norte a sur trabajando como editor de Nautilius, órgano de la sociedad de capitanes y oficiales de la marina mercante. Con esta revista no sólo se iniciarían sus exploraciones por el país sino que también su trabajo como escritor.
Que libro más lindo, armando un panorama bien completo sobre una identidad muy característica Los libros de Plath siempre son un gusto, pero este es muy especial, porque es como si tomara una lupa para estudiar en cuidado y dedicación una zona muy especifica
"En donde solo había agricultores, había que formar mineros." Así comienza esta revisión de Oreste Plath a las costumbres, creencias, ritos y peculiaridades de aquellas familias dedicadas a extraer carbón de lo profundo de la tierra.
Cómo siempre, Oreste Plath usa un lenguaje engañosamente simple, escribiendo sobre sus sujetos desde una profunda curiosidad. De esta manera, logra retratar a los mineros y a sus familias tanto desde la profunda solidaridad y expresión artística que surgían en estas comunidades, como a sus defectos y atrocidades de los mismos sujetos.