Cuentan que sólo el escritor con cuarenta años cumplidos es capaz de crear una obra narrativa de calidad. Páginas amarillas viene a echar por tierra ese viejo tópico, ofreciendo, a moda de brújula para curiosos navegantes, una muestra representativa del sólido trabajo de un amplio grupo de narradores nacidos entre los años 1960 y 1971. En total se presentan treinta y ocho relatos de otros tantos escritores, precedidos por un estudio orientativo y acompañados y acompañados de unas breves referencias bibliográficas de cada autor. Hay historias que rebosan juventud e historias insertas en una tradición legendaria, sangrientas unas y delicadas otras, con registros que van desde el experimentalismo hasta el clasicismo o que incluyen, a veces, ambas tendencias en una difícil armonía. Al final, las narraciones se imponen a sus propios autores, y de Páginas amarillas obtendrá el lector una confirmación de la más antigua de las lecciones literarias: cada historia tiene su lenguaje; poco importa quién la firme y , mucho menos, su edad o el reconocimiento que haya obtenido. He aquí, pues, varios relatos que esperaban su turno para ser contados. ¿Por qué no habría de hacerse ya? Es el lector quien tiene ahora la palabra.
Está bien elegido el nombre, porque metieron relatos de todo aquél que era o podía llegar a ser alguien en el mundillo literario (va a hacer un cuarto de siglo de su publicación). Así, nos encontramos a la Etxebarría, a Juan Manuel de Prada, a Ray Loriga, a José Ángel Mañas y supongo que a alguno más que ha hecho cosas importantes que yo desconozco. Aun siendo una recopilación impresionante de talento y potencial, el libro me dejó un poco frío. No conseguí enamorarme, a pesar de que, como en todo libro recopilatorio de relatos, haya algunos muy buenos. Pasé un buen rato, pero ahí quedó.
Lo recuerdo como un libro curioso porque reunía muchas voces distintas de escritores jóvenes. Algunas historias me parecieron interesantes y muy representativas del ambiente de los años 90, aunque al ser una recopilación el resultado era un poco irregular.