Desde la noche de los tiempos un enigmático astro llamado Argos siembra la atmósfera con una substancia muy especial. Sólo un pequeño grupo de sabios sabe cómo recolectar y emplear esa esencia de los cielos que permite la vida eterna. Pero en pleno auge de la Roma imperial, un desastre sacude a la hermandad de sabios. Desperdigados por el mundo y sin los conocimientos necesarios para mantener la inmortalidad, vagarán por el mundo, condenados al olvido. Hasta que en el siglo XXI, una inquieta historiadora, Irene Abad, descubre un antiguo mapa que, sin saberlo, la conducirá hasta el peligroso secreto que los Hijos de Argos habían perseguido durante dos milenios.
Un pequeño grupo de elegidos reciben el don de la inmortalidad a través de un material misterioso liberado por el paso de un cometa. Los inmortales recorren la historia de occidente buscando el secreto del material, acumulando sabiduría y recolectando el precioso material, que deben renovar año a año y que se vuelve cada vez más escaso con el paso de los siglos. Un mensaje perdido, un recorrido por una serie de grandes y pequeños personajes históricos y la culminación de la búsqueda a principios del siglo XXI terminan de configuran la trama.
El viaje de Argos es una novela repleta de datos históricos y científicos reales. Algunas historias son más conocidas: tanto las conquistas romanas, las conquistas napoleónicas y la revolución industrial, como el abuelo de Darwin, Mercator y Plinio el Viejo tienen espacio en el relato. También hay otras historias, menos conocidas, pero no por ello menos fascinantes: el meteorólogo autodidacta Noherlesoom, los pioneros del vuelo en globo, Nicolás de Lynn... De hecho, en esto radica la riqueza del texto: en sus relatos de anécdotas reales y otras no tanto, pero todas creíbles y fascinantes.
El verdadero problema del texto está en que carece de un gancho a través de un hilo conductor omnipresente. Los protagonistas y el antagonista no se perfilan con claridad hasta la mitad del libro, y muchos capítulos son más historias anexas que parte de la novela. La psicología de los protagonistas y sus relaciones personales apenas se exploran más allá de lo estereotipado, con la sola excepción de Irene Abad, la investigadora del siglo XXI. Los demás, Abaris, Silvia y Chris se construyen sobre arquetipos. Especialmente molesto es el tratamiento del antagonista como un "científico-psicópata-inmortal-promiscuo-e-inmoral", sobre todo porque Polanco demuestra gran dominio de la narrativa. Esta habilidad se ve, por ejemplo, en el relato de los ayudantes de puerto en una isla británica que se obsesionan con un exiliado que vive en la isla, al que creen un antiguo emperador.
Creo que esto es lo que define la novela de Polanco: las pequeñas historias están muy bien narradas y los personajes viven entre las palabras. Por el contrario, la historia principal se pierde en un desorden de relatos, tal como ocurre con el Inventio fortunata, el libro perdido que se convierte en la obsesión de todos los protagonistas.
A quién podría gustarle: un apasionado de las pequeñas anécdotas históricas. Lo positivo: la lectura es amena, el autor narra muy bien. Lo negativo: protagonistas de cartón, hilo argumental que se pierde y a veces hasta desaparece.
Argos es un cometa, de ello nos enteramos en el primer capítulo, que tiene unas propiedades interesantes. A lo largo de la historia de la humanidad, los más variados personajes, históricos y desconocidos, cruzarán sus vidas con las del cometa. Y hasta aquí puedo leer. Admiro al autor más que a la novela, que tiene un estilo no florido, sino amazónico. Da la sensación de que todas y cada una de las frases del libro son subordinadas, de tantos requiebros y descripciones entre comas que da el autor. Para mí fue un auténtico tormento seguir a veces la historia, tenía ganas de saltarme las páginas para ver dónde estaba la frase en la que la acción continuaba. Y la acción es muy entretenida y muy interesante, ojo; La historia está construida de modo que los acontecimientos avanzan muy lentamente al principio y se precipitan en las últimas páginas. El método mediante el que Irene da con la clave del asunto me parece demasiado traído por los pelos, pero el resto de la historia es ciencia ficción interesante.