3'5/5 estrellas.
«Charly no lo previó. No previó que los humanos evolucionaríais hacia algo tan monstruoso. A ver si con el cambio climático mutáis y sale algo más decente».
Obra de teatro cortita y divertida que aplica lo absurdo al comentario político y social. Está lejanamente basada en hechos reales, pues Darwin realmente recogió de Los Galápagos una tortuga a la que llamó Harry y que luego fue Harriet. En la obra, Harriet ha evolucionado hasta poder hacerse pasar por una vieja que acude a un profesor de historia para entregarle su testimonio sobre lo vivido en los últimos años, testimonio que supone una revisión cómica de la historia reciente en la que se entrelazan de vez en cuando destellos de gran lucidez.
«PROFESOR: La cara del recluta cuando leyó la carta de su novia. ¿Qué importancia tiene eso para la Historia?
HARRIET: La Historia es también eso. ¡La Historia es sobre todo eso! Las manos temblorosas del capitán Müller cuando perdonó la vida a un desertor, el brillo en los ojos del partisano Mazzola cuando colgó a Mussolini cabeza abajo de un gancho de carnicero...
PROFESOR: Las manos temblorosas, el brillo en los ojos... Todo eso es literatura, Harriet, y nada más que literatura. ¡Objetividad!»
A lo largo de la obra, Harriet se ve atrapada entre el interés histórico del profesor, los intentos de la esposa de este de extraer beneficio económico y la investigación de un doctor. La crueldad de estos personajes, seres humanos actuales, viene a demostrar la tesis de Harriet (y la del autor): la humanidad no ha evolucionado, sino que empeora cada vez más, pues ha perdido la capacidad de empatía. Es la teoría de la involución de Darwin.
No le doy más nota porque se queda bastante en la superficie; hay frases muy buenas pero no se reflexiona en torno a ningún tema (a ver, son menos de 30 páginas) y es una historia que no acaba de llegar a nada. Debo decir, eso sí, que precisamente por eso no confiaba mucho en el final y este me ha sorprendido gratamente; no es nada del otro mundo, pero consigue mantener el tono crítico y humorístico del resto de la obra y deja un buen sabor de boca.
«Lo primero que cambió fue su lenguaje. Ahí empieza siempre todo, en las palabras. Las palabras marcan a la gente que hay que eliminar».