Ryo no entiende por qué la guerra se ha llevado lejos de Nagasaki a su padre. Tampoco entiende por qué todo ha cambiado: ya no se escuchan las campanillas de los narradores anunciando su llegada, los alimentos escasean, y su amiga Reyko no parece la misma. Además, su madre está triste y la dureza de su abuela Saya no ayuda en el día a día.
Ryo se ve obligado a crecer, ya no es un niño y es consciente del mundo que le rodea. Su gato Wara le dará pistas para volver a estar cerca de Reyko: solo recobrará la ilusión si es capaz de luchar para llevar a cabo algo extraordinario.
Blanca Álvarez nació en Cartavio-Coaña, un pueblecito de Asturias. Estudió Filología Española y Trabajo Social. Entró por casualidad en el periodismo, donde lo probó casi todo, incluidos dos años en la última página del diario AS, su experiencia más fuerte. Ahora colabora en El Correo Vasco, imparte cursos a profesores de Lengua y Literatura y a alumnos de bachiller, y escribe novelas para jóvenes.
Ha ganado diferentes premios, como el Premio de la Crítica de Asturias en 2004 con El puente de los cerezos; el Apel·les Mestres con Witika, hija de los leones; o el Ala Delta con Pendientes, caracoles y mariposas.
El padre de Ryo se ha marchado a combatir defendiendo a Japón en la gran guerra. Los americanos son el enemigo, o al menos eso le dicen a Ryo, pero él no termina de entender cual es el sentido de la guerra. No quiere que su padre sea un héroe, solo quiere que esté en casa. Pasa los días esperando su regreso, al igual que su dulce madre y su estricta abuela. Además, últimamente su amistad por Reyko se ha transformado en algo mucho más profundo.
Este cuentito, prácticamente una fábula, es una delicia. Es la segunda historia que leo de la autora, la primera fue "El puente de los cerezos", y ambas guardan ese toque de cuento infantil bonito y con buenos valores. Aunque esta historia me ha calado mucho más que la anterior. La desesperación y la tristeza de Ryo están muy bien plasmadas, y esa inocencia ante el mundo que lo rodea, ante la violencia humana te cala.
Las ilustraciones son preciosas y reflejan perfectamente esos sentimientos que empiezan a florecer en Ryo. No pensaba que me fuera a gustar tanto como lo ha hecho. Eso sí, pese a ser infantil/juvenil el final me ha impactado muchísimo. Aún tengo la boca abierta.
lo lindo que es este libro- aunque tan triste :(((( mi parte favorita ha sido leerlo poquito a poco en voz alta con juanca por videollamada <3 en fin es un librito para niños y me parece que está escrito de una forma muy bonita y tierna :”) y la precisión histórica perfecta !
Ryo es un niño que vive en una ciudad de un país en guerra. Esa ciudad, Nagasaki, no es un emplazamiento especialmente importante de ese país, Japón. Pese a ello el conflicto también ha llegado hasta allí. Como todos se empeñan en señalar, la guerra no es una cosa de niños, pero eso es algo con lo que Ryo no está de acuerdo.
Si la guerra no incumbiese a los niños, no se habría metido en su barrio, haciendo que los hijos de una de sus vecinas murieran y volviéndola solitaria y demente; no se habría metido en su casa, haciendo que su abuela se refugiase en la oración y no tuviese nunca más una palabra amable; no se habría metido en el cuarto de sus padres, haciendo que se tuvieran que separar, mandándolo a él a luchar e instalando en el corazón de ella una pena perpetua.
no acabo yo de verle la calidad literaria a esta historia, y tampoco veo yo a un niño leyendo esta historia y no aburriéndose a medio camino. Pero, hey, los señores y señoras componentes del jurado del premio Anaya sabrán más que yo... a mí, personalmente, no me ha gustado y no le veo el atractivo como libro infantil que es.
Oye, oye, esto ha sido hermoso. Qué metaforas, qué belleza, qué imágenes. Quizá lo que menos me ha sorprendido es el hecho de intuir desde el principio lo que pasaría al final, pero sido una lectura muy grata. Igualmente, considero que para la edad propuesta puede llegar a ser un poco complicado de entender, un poco como los libros de Gustavo Martín Garzo.