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272 pages, Paperback
First published January 1, 2011
La idea de volver, para ella, degradaba su condición humana. El regreso era odioso anatemaEsta interesante pero deprimente novela sigue los pasos, en clave de novela negra, de dos venezolanos que migran a Rumania. Uno, José Antonio, es el atolondrado e idealista hijo de una emigrante definitiva. Él se va a "buscar sus raíces" en una Rumania dispuesta a inventar lo que sea con tal de entrar a una Unión Europea vuelta imperio indiferente, infiltrado y burocrático. José Antonio busca entender lo que la madre nunca quiso decirle, busca develar lo que ella celosamente silenciaba. El otro venezolano, Emilio, es el compañero y amigo indiferente que huyendo de si mismo y de sus nihilistas relaciones con la vida y la pasión, termina de asesor culinario en la Romania de cartón que se construye para la Unión Europea.
Maquinaria extranjera trancaba las calles. Polvo, en diminutivo, entre derrumbe y construcción, se expandía por el aire como polen natural y nutritivo. Se parece a Caracas, murmura Emilio. La comparación, espontánea, lo derrota.Ambos son países que "no salen de abajo":
Rumania, es verdad, es el apéndice de Europa [...] Pero sí, el comunismo fue una mierda. Rumania está hecha una mierda [...].En la novela los rumanos huyen hacia una Madrid de ilusiones y desilusiones como los venezolanos huyen hacia Miami. Rumania es una Venezuela que sale del comunismo, Venezuela es una Rumania que entra a ella; las dos resuenan escatológicamente con la misma cuerda tejida de desgracia, mediocridad y una espesa telaraña de corrupción:
"Somos, más o menos, veintidós millones de rumanos, once millones viven afuera. Nadie quiere estar acá [..] Los rumanos no tenemos nada propio; en realidad, sí: tenemos miedo."[...]
"Ningún país podría ser peor que Rumania", dijo. A José Antonio la sentencia le causó gracia. Esa frase se la había escuchado muchas veces a Emilio. Venezuela era, a juicio de su amigo, el país que no tenía contendores en el ejercicio de la derrota, era la mierda."
"¿Qué quieres decir?" "Que perdimos, que somos los jodidos del mundo."Rumania, o Venezuela, termina por derrumbar a casi todos los personajes, que nunca pasan de ser peones de jugadas que no comprenden. Los protagonistas no están a la altura de sus circunstancias; por ingenuidad y/o espíritu autodestructivo, se han metido donde no han debido en el peor momento posible. Rayana en lo rocambulesco, en el absurdo y en lo grotesco, la novela transpira el desespero de personajes que no logran superar callejones de futuros truncados. Ya finalizando, la mirada hastiada de Emilio se vuelve a su ciudad natal para dar con la clave terrible que le sirve de resorte mínimo:
"[...]Venezuela es un país insignificante; sin embargo, no sé por qué razón, uno se encariña un poco con todo; es una especie de mierda dulce, una vergüenza prepotente". "Eso se parece a Rumania", dijo Viorica.
¿Caracas? No, se dijo. Pensó en la ciudad. Echó de menos lugares y atmósferas. Extrañó el tráfico brutal y el discurso anárquico de los motorizados. Extrañó el provinciano barullo político, la tensión patriotera. Nostalgia rara. Nostalgia de un sentimiento miserable. Extraño mi propia miseria...Emilio abandona a Rumania, abandona a su amigo, se reencuentra con su fetiche obsesivo-destructivo, María Gabriela, sólo para verla convertiéndose en emigrante definitiva y para abandonarla nuevamente y escuchar su voz, acompañándolo en el desvelo, diciéndole, fulminante e inapelablemente:
"Te dije que nunca regresaras a esa mierda".