En lo positivo, quizá este sea el único manga que he leído sobre el infame Escuadrón 731 y sus terribles experimentos en territorio chino, y que, a partir de lo cual, realiza una crítica más amplia del Imperialismo japonés y, sobre todo, como esta visión imperialista sigue presente en las fuerzas represivas y las estructuras de poder del Japón moderno.
Dicho esto, el desarrollo es otro cantar. Lejos de ser un manga especialmente experimental o raro, tal y como se afirma en el Comics Journal, la historia responde a la mayoría de convenciones del manga, se lee muy rápido y se lee muy fácil, y resulta mucho más accesible y sencillo en lo argumental y lo gráfico que un "Homunculus", por poner un ejemplo y no está peor dibujado o narrado que"Ataque a los Titanes", cuyo primer volumen es un desastre en ese sentido. El rasgo distintivo de este manga viene mediatizado por las circunstancias de su producción, hay que atender a la carrera underground de Matsunaga, quien realizó el trabajo en solitario, dibujando una página al día y sin cobrar por ello, con lo cual hubo de aprovechar todo tipo de atajos; una puesta en página sencillísima por no decir simplona, repetición de viñetas y reciclaje de dibujos que generan una narrativa especialmente plana salvo en algunas splash pages donde se ve que sí, que tiene talento, escasez de fondos, personajes hieráticos, etc. El guión mismo parece un tirar para delante sin atender a nada más, las reacciones de los personajes sobre todo, y algunos giros de guión, resultan absurdos y carentes de lógica interna lo que genera dicho tono raro a lo Lynch. Hay extravagancia en el diseño de personajes (aunque algunos de ellos responden a metáforas del poder, como los hombres perro o los hombres reptil) pero sin llegar a alienar al lector. Lo más curioso a mi parecer es que parece que intenta realizar un manga de acción muy personal en lo temático pero no tanto en lo formal, pero empleando elementos y tics muy habituales en el manga convencional, sin disponer de tiempo o recursos para pulir la obra y sin que resulten especialmente subversivos, algo que genera una narrativa muy plana donde el desarrollo de los acontecimientos y la acción acaban por resultar bastante aburridos, y cuando el argumento se aleja del tronco central (la subtrama de la Iglesia del cangrejo), naufraga completamente. Una pena, porque aparte de alguna sátira de Maruo y cosas así, este tipo de temáticas y enfoques críticos del pasado reciente del Japón, contados en forma de historia de acción y humor, no son precisamente habituales en los tebeos japoneses.