La fábula fue un género literario de muy larga tradición y muy extensa popularidad. Durante siglos y siglos se narraron y leyeron esas breves ficciones en que los animales parlantes protagonizan ejemplares encuentros de los que podía deducirse una cierta moraleja. En la literatura griega fue Esopo, tal vez un escritor real o el protagonista de una picaresca Vida escrita en el siglo V a.C., el fabulista por excelencia, el que dio su nombre a la colección canónica del género, ese repertorio traducido luego a todas las lenguas de Europa. El fundamento del apólogo estriba en un truco bien los animales actúan dotados de habla y razón; así que, de un modo esquemático, en sus conflictos se espejean los de los seres humanos. Las bestias del zoo esópico son como títeres de un tinglado dramático que refleja la lucha por la vida. Están los fuertes que oprimen a los más débiles, pero a la razón puede oponerse la astucia. En el juego el más listo gana, casi siempre. El león representa la fuerza; el zorro (o zorra, pues el español usa ambos géneros indistintamente) la astucia. La primera parte de este libro trata de la fábula en general, de su historia, su estructura narrativa y sus ecos. La segunda parte trata de una fábula muy representativa y comenta sus múltiples versiones en diversas lenguas y épocas. Desde Esopo y Fedro hasta La Fontaine y Samaniego, el apólogo del astuto zorro y el vanidoso cuervo ha conocido estupendas versiones literarias. Aquí se analizan tres antiguas, tres medievales y cuatro modernas. A través de esas variaciones y variantes se puede advertir claramente –como podría hacerse con un mito, por ejemplo– el juego creativo de la intertextualidad y la parodia. Es decir, cómo, al recontar y traducir la fábula, en épocas y contextos diversos, los escritores la recrean en nuevos estilos. Este es un ejemplo de literatura comparada, invitando a reflexionar sobre cómo la tradición renueva un viejo relato con nuevos tonos y colores.
García Gual hace gala de erudición cambiando de idiomas y dialectos sin ninguna consideración por el lector que no sea fluyente en los lenguajes presentados, ya que nunca cuentan con una traducción (nunca había escrito a alguien tan desesperadamente para que me traduzca unos versos en latín). Y esta es la única queja que tengo. El libro es breve, brevísimo. Como su título indica, se analizan diferente versiones de la fábula del zorro y el cuervo a lo largo de diferentes culturas e idiomas, y toma esto como punto de partida para hablar de las convenciones del género, de sus formas, de su fluidez y de su instrumentalización. Leerlo de corrido es como si saliéramos a un paseo apurado con García Gual en el bosque, y basado en la forma de cada árbol, nos contaría una de las diferentes versiones de la fábula, y cómo la forma del árbol influye la manera de contar la historia. Ahora hay que sembrar más bosques en el palacio mental para ver qué formas diversas de historias pueden atraer las aves que se posen en sus copas.