Una novela corta un poco agobiante, como me suelen agobiar las historias de madres locas, que no dejan a sus hijas vivir. Me hace pensar en Elena Garro, o la de débil mental, de Adriana Harwitz, aunque esta es mucho más suave, tiene algo como asfixiante, con la presencia de la madre muerta como una constante, pero algunos descansos, cuando escapa a las salas de espera, o cuando va a ver al doctor chino que le cuenta fábulas como parte de su curación. Tiene cosas muy lindas, pero el tono no es muy fácil, es como opaco, tiene mucho de recuerdos, fobias, y luego escapes lindos que acaban siendo oasis pequeños en una realidad muy triste. Igual la recomiendo, la encontré por una novela suya que reseñó mi amada Marosa di Giorgio, pero no la había leído, y seguro hay más novelas lindas suyas. Las uruguayas no fallan, con algo de locura y con algo de poesía, me encanta!