Desde que cumplió dos años deseaba tener un animal vivo. Había recibido ochent y siete animales de peluche y doscientos libros sobre animales. Por fin, en su décimo cumpleaños, se ablandó el corazón de sus padres, abuelos y hermana. Y como todos deciden sorprenderlo, la casa se convirtió en un zoológico.
Disfruté tanto la historia de Herfurtner que la leí dos veces y seleccioné la historia para contarla en mi visita a la librería Casa de Letras (en Zapopan, Jal.). Sin embargo, lo que a mi me pareció una historia chistosa a los niños con edades entre 6 y 1 años les pareció sosa y con un final que atentó contra sus ilusiones. Me sentí fatal y reiteré mi idea de: los niños son insondables y disfrutan las historias sin giros de tuerca. :) dfcg